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La selección española de balonmano se condenó a un durísimo enfrentamiento de cuartos de final, previsiblemente con la todopoderosa Francia, tras caer hoy por 25-30 ante Croacia, en un encuentro en el que los españoles no supieron aprovechar la gris versión que ofreció durante la primera parte el conjunto balcánico.

Consciente de las dificultades que entrañaba vencer por los siete goles que necesitaba para arrebatar a los balcánicos la primera plaza del grupo, el conjunto español peleó por un objetivo más modesto, aunque no por ello menos difícil: ganar para asegurar la segunda posición.

Una mentalidad ganadora que no pareció tan clara en el equipo croata, que dio la sensación de especular durante muchos minutos con el resultado, pensando no ya en los cuartos, donde se medirá con seguridad con Túnez, sino en el posible rival en una hipotética semifinal.

Esa falta de concentración no la desaprovechó el conjunto español para adquirir una sustancial renta de tres goles (6-3) de la mano de un inspirado Raúl Entrerríos y, sobre todo, de un espectacular Arpad Sterbik, que hoy demostró por qué está considerado como uno de los mejores porteros del mundo.

La renta no creció más por la mala suerte del conjunto español que vio cómo los lanzamientos de Aguirrezabalaga, en dos ocasiones, Raúl Entrerríos y Albert Rocas, desde los siete metros, se estrellaban en la madera.

Esta circunstancia pareció hacer reaccionar definitivamente al equipo croata, que en su eterna duda sobre la conveniencia de ganar o no pareció apostar en los minutos finales del primer tiempo por el triunfo.

En ese tramo final Croacia sí recordó al demoledor equipo que contaba hasta hoy sus encuentros por goleadas, con una infranqueable defensa y un fulgurante juego de transición que permitió a los balcánicos dar la vuelta al marcador (11-10) con un parcial de 3-7.

Y es que España también aprovechó el partido para dosificar esfuerzos, pensando ya en unos cuartos de final, en el que por encima de la calidad de rival, el factor físico puede ser determinante para lograr un puesto en la lucha por las medallas.

Un planteamiento que permitió disponer hoy de numerosos minutos a un hasta hoy casi inédito Mikel Aguirrezabalaga, el único lanzador nato de un equipo español, que precisamente de lo que careció fue de puntería en el arranque de la segunda mitad.

Los errores de lanzamiento propiciaron que Croacia, cada vez más seria en defensa, adquiera una renta de tres tantos (13-16) que los balcánicos, unos auténticos especialistas en manejar este tipo de situaciones, supieron administrar hasta el final.