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Álvaro Morata, delantero internacional del Real Madrid, pasó de disfrutar de la fiesta en la fuente de la Cibeles por la conquista de LaLiga a quererse marchar de la misma, sin poder evitar unas lágrimas y recibir gestos de consolación de compañeros en una situación que sonó a despedida.

Después de conquistar el título en La Rosaleda en una temporada en la que Morata jugó menos de lo deseado, 1.331 minutos repartidos en 26 jornadas, pero con un papel importante como segundo máximo goleador liguero de la plantilla de Zinedine Zidante tras Cristiano Ronaldo con 15 dianas, el delantero comenzó los festejos con mucha efusividad.

AUSENTE

La transmitía en sus vídeos en las redes sociales, celebrando en el vestuario con Lucas Vázquez y Kiko Casilla, o cuando era uno de los jugadores que irrumpía en la sala de prensa de La Rosaleda para interrumpir la rueda de prensa de Zidane y bañarle con agua y champán. Incluso hacía el amago de dar él la rueda de prensa al sentarse en el lugar que ocupaba su entrenador.

Bromas como una entrada resbalando por el suelo de la terminal del aeropuerto a un miembro de seguridad al que derribaba y con el que posteriormente colgaba una foto juntos mostrando complicidad, cánticos al bajar del avión y bailes en al autobús que les trasladaría del Santiago Bernabéu a la fuente de la Cibeles, donde comenzó siendo parte de la fiesta hasta que una sensación extraña le recorrió el cuerpo.

CONSOLADO POR CARVAJAL

Morata acabó apartándose de la celebración en la pasarela por donde caminaban sus compañeros y preguntando a Javier García Coll si podía bajarse. Acabó apoyado en la valla mirando a la diosa Cibeles con la afición madridista celebrando a sus espaldas la trigésimo tercera Liga y sin poder contener las lágrimas.

Dani Carvajal fue el primero que se dio cuenta de la situación y acudió a consolar a su amigo, con la mano por la espalda. El gesto acabó en abrazo conjunto cuando se sumaron James Rodríguez, Marco Asensio, Nacho Fernández y Kiko Casilla en unas imágenes captadas por Cuatro.

Fue el último en subir al autobús en el fin de fiesta en unos gestos que dejan entrever su salida del club a final de temporada. Sería la segunda ocasión que se marcha del equipo de su corazón en el que se formó como futbolista.