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El Real Madrid dejó a un lado la emotividad e hizo su trabajo para salir triunfal (88-73) en uno de los partidos marcados en rojo en el calendario de la temporada, la visita del Bayern de Múnich en la Euroliga y el retorno de Pablo Laso al WiZink Center.

La previa fue del vitoriano, su momento, un homenaje ganado con trabajo y sacrificio durante once años en el conjunto blanco en los que se convirtió en el técnico con más partidos dirigidos en la historia de la entidad y en los que consiguió 22 títulos oficiales.

La grada se volcó con él cuando se pronunció su nombre por megafonía, dedicándole casi dos minutos de aplausos mezclados con cánticos. Sus lágrimas, mientras aguantaba en pie el chaparrón emocional, fueron un agradecimiento sin palabras. Hay vínculos que están destinados a no romperse nunca.

Luego, el baloncesto. El respeto de los aficionados no lo encontró el entrenador con la pelota en juego por parte de sus ex jugadores durante el arranque. Estos le recibieron con un 8-0 coral que apagó Isaac Bonga con cinco puntos sin respuesta.

Fue una llamada a la acción en el bando visitante, que a partir de ese momento se activó en ataque y en defensa.

Menos fluido en el pase que de costumbre, al anfitrión no le quedó más remedio que atacar el aro. Y ahí se topó de bruces con otro ex madridista, Serge Ibaka, quien con tres tapones lideró la fortaleza.

En ese contexto el Real Madrid se fue al final del primer acto con unos inusuales, por negativos, porcentajes de acierto en los lanzamientos de dos (8 de 22). No fueron mejores los del Bayern, pero su mayor facilidad para el triple decantó la balanza (19-23, min.10).

Le tocó entonces el turno a algunos jugadores que en su día fueran miembros ilustres de la guardia pretoriana de Laso.

Los Sergios, Rodríguez y Llull, se echaron el equipo a la espalda. Y con triples, e incluso un tapón del segundo, fueron abriendo una pequeña brecha, nunca tan amplia como la mayor renta (42-37, min.20).

La primera parte tuvo también un pequeño espacio para los hitos personales en forma de rebote. Fabien Causeur alcanzó los 300 en su carrera y Walter Tavares superó los 556 ofensivos de Paulius Jankunas para colarse en el top-6 histórico de este apartado en la competición.

Echaba de menos el de casa a dos de sus hombres más decisivos esta temporada, Facundo Campazzo y Mario Hezonja. E irrumpieron ambos con fuerza en la reanudación. La electricidad del primero y la precisión desde lejos del segundo llegaron a tiempo para poner a los suyos 12 arriba, la ventaja más grande del partido hasta ese momento.

La contrarrestaron de inmediato Carsen Edwards, con cinco puntos, y Devin Booker, con un triple. El primer conato de escapada blanca quedó en saco roto, pero no el segundo. Coincidiendo con el arranque del cuarto decisivo, de nuevo los Sergios hicieron alquimia para convertir en oro más de cuatro minutos de aridez anotadora de los bávaros.

Entre los dos firmaron doce puntos en un parcial de salida de 14-2, un golpe al mentón demasiado duro en un momento demasiado relevante. El resto fue no dilapidar el premio para darle al Bayern la misma medicina que al resto de equipos que han jugado este año en el WiZink en la Euroliga, porque nadie salvo el Barça ha tomado el vuelo de vuelta perdiendo por menos de catorce.

Ficha técnica