Güler ante el Roma | REAL MADRID
(Actualizado

José Mourinho tiene un problema en el centro del campo y Arda Güler empieza a parecerse a la solución. El Real Madrid ha disputado cuatro partidos consecutivos con Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni como pareja de mediocentros.

Tres victorias, una derrota y una sensación persistente de desgobierno que volvió a manifestarse en Roma, donde el conjunto blanco necesitó cambiar su estructura para protagonizar una remontada extraordinaria (3-4).

Elche, Atlético de Madrid, Villarreal y Roma. Cuatro escenarios con las mismas dificultades. Valverde y Tchouaméni son dos futbolistas de enormes facultades físicas, capaces de abarcar grandes extensiones de terreno y recuperar balones.

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Pero juntos, cuando les corresponde dirigir el juego, no combinan. No funciona la idea. No hay juego. Hace falta más pie.

El Real Madrid tiene piernas para abarcar terreno, pero le falta alguien que decida cómo recorrerlo. La ausencia de Toni Kroos y Luka Modric sigue proyectando una sombra alargada sobre una medular en la que abundan el músculo y el despliegue, pero escasean la pausa y la imaginación.

Roma volvió a desnudar el problema. Durante buena parte del encuentro, el equipo de Mourinho fue incapaz de imponer su fútbol.

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En el minuto 82, lucía un 3-1 en el marcador que parecía una sentencia. Siete minutos después, el resultado había girado hacia un 3-4 tan extraordinario como difícil de explicar desde la lógica.

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En aquella resurrección apareció Güler, suplente de inicio y protagonista de los tres goles finales. Sus lanzamientos desde la esquina propiciaron sucesivamente los tantos de Carlos Espí, Endrick y Antonio Rüdiger, que transformaron una derrota prácticamente consumada en una victoria agónica.

Pero la importancia del turco va más allá de su precisión a balón parado. Su entrada ofreció una alternativa en la circulación, un futbolista dispuesto a recibir, levantar la cabeza y buscar soluciones donde antes predominaban las dificultades para enlazar el juego.

Cuatro partidos sin equilibrio

La sociedad Valverde-Tchouaméni comenzó su recorrido contra el Elche. El Real Madrid ganó 2-3 con un gol sobre la bocina de Espí y dejó dudas sobre su capacidad para controlar el encuentro.

Mourinho defendió entonces a sus centrocampistas y aseguró que, cuando el equipo funcionó, ambos también lo hicieron. Fue el primer encuentro en el que coincidieron tras la lesión del francés. Desde entonces, siempre han sido titulares juntos.

La siguiente prueba llegó contra el Atlético de Madrid. Fue todavía menos satisfactoria. El centro del campo rojiblanco se impuso en una zona donde el Real Madrid no consiguió establecer su autoridad. Contra el Villarreal, el pasado sábado, el problema adquirió una dimensión más evidente.

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El equipo madridista se atascó durante numerosos minutos, sin encontrar continuidad en sus ataques ni un futbolista que asumiera el mando.

Mourinho modificó entonces sus piezas. En mitad de la segunda parte, Valverde se desplazó al lateral derecho y Güler pasó a intervenir en posiciones más retrasadas. El Real Madrid ganó claridad y acabó imponiéndose por 1-0 gracias a un gol de Yan Diomande.

Con Güler en el centro, el balón parecía encontrar caminos que antes permanecían cerrados. Pese a ello, cuatro días después, Mourinho volvió a apostar por Valverde y Tchouaméni de inicio en Roma. Y volvió a recurrir al turco para buscar soluciones. La repetición empieza a parecer algo más que una coincidencia.

El organizador que ya señaló Mourinho

Mourinho ya identificó semanas atrás las cualidades de Güler para asumir responsabilidades en la organización del equipo. En septiembre destacó su visión, su capacidad de decisión y la estabilidad que aportaba al juego. Y, en otra ocasión, insinuó un cambio de posición del turco:

"Me encanta Güler. Creo que le va a pasar algo parecido a Modric o a Bernardo Silva, empiezas en una posición y acabas en otra, empiezas de 10 y acabarás de 8, de 6. Pienso que Arda irá en esa dirección con la evolución y el conocimiento del juego".

El preparador portugués vio en su jugador condiciones para interpretar el fútbol desde posiciones más retrasadas, en la zona del campo donde se decide el ritmo de los encuentros. Y Güler posee algo que distingue a los organizadores: la capacidad de pensar el siguiente pase antes de recibir el anterior.

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Pero Tchouaméni y Valverde también poseen cualidades imprescindibles. El uruguayo puede ser decisivo cuando dispone de espacios para desplegar su potencia, incluso desde el lateral derecho.

El francés ofrece una protección defensiva difícil de sustituir. Quizá el problema no sean sus condiciones, sino la obligación de ejercer juntos una función para la que ninguno parece especialmente dotado.

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Mourinho tiene ahora un dilema. Puede insistir en una pareja que todavía no ha encontrado el equilibrio o aprovechar la alternativa que le han mostrado los dos últimos partidos. Las tres victorias en cuatro encuentros no han despejado las dudas sobre su funcionamiento.

Güler ofrece otra posibilidad. No garantiza el orden, pero sí aporta una idea de cómo encontrarlo. Mourinho ya señaló al turco como uno de los futbolistas capaces de organizar el Real Madrid del futuro. Después de Villarreal y Roma, quizá haya llegado el momento de confiarle el presente.