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El madrileño Carlos Sainz alzó su cuarto Dakar en una jornada en la que se citó con el olimpo del automovilismo, ese que forman nombres como el alemán Michael Schumacher, el brasileño Ayrton Senna o el francés Stéphane Peterhansel, y se convirtió, más si cabe, en leyenda de este deporte.

Sainz y su infatigable compañero de sufrimiento, el catalán Lucas Cruz, copiloto del madrileño, hicieron historia al convertirse en los primeros corredores en convertir un coche híbrido en campeón del Dakar, un hito inimaginable a la altura de que un piloto de 61 años, como los que tiene Sainz, alce su cuarto Touareg.

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Lo hizo, además, con contundencia, pues tras la avería del francés Sébastien Loeb durante la jornada de este jueves, el español terminó la prueba con más de una hora y veinte minutos sobre el belga Guillaume de Mevius (Toyota), segundo clasificado por delante de Loeb, que acabó en el tercer escalón del podio.

A pesar de no ganar ninguna etapa, el piloto madrileño y el copiloto catalán se exhibieron durante buena parte del Dakar y, en las tres etapas más complicadas, fueron los grandes protagonistas.

Quedaron segundos de una primera jornada llena de piedras y pinchazos, segundos en la sexta, una crono de 48 horas por el mayor desierto de arena del último y terceros en la penúltima, otra maratón de piedras en la que Sainz bajó el ritmo tras ver la avería de Loeb, consciente de que ya nadie podría acercarse a sus tiempos de la general.

Con la ferocidad de las primeras veces y la meticulosidad que le da la veteranía, Carlos Sainz (Madrid, 1962) ve agrandado su palmarés y marca un nuevo hito en su ya dilatada carrera en la que resaltan sus dos campeonatos del mundo de rallies, los cuatro Dakar y su tan mimado premio Príncipe de Asturias.

Un insaciable competidor, nacido para el deporte, que antes de llegar al automovilismo probó con el fútbol, el balonmano, el esquí, el motocross y el squash, disciplina de la que fue campeón de España en 1979, sigue acumulando nuevos récords en su colección, como el de ser, de nuevo, el más veterano en ganar el Dakar o el de convertirse en el primero en la historia en lograrlo con cuatro equipos distintos.

Más allá de legar a su hijo parte de su calidad como piloto, Sainz padre ya está con letras de oro entre las grandes figuras del deporte español, junto a Pau Gasol, Rafa Nadal, Miguel Induráin o Fernando Alonso.

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Este padre de familia que ganó dos veces el campeonato mundial de rallies en 1990 y 1992 se reinventó cambiando de categoría y pasando al 'rally raid', descubriendo el Dakar en 2006.

Apenas cuatro años después ya estaba ganando con Volkswagen y, desde entonces, ha vuelto a repetir triunfo en 2018, con un Peugeot; en 2020, con un Mini y ahora con un Audi, que, para más inri, es un coche híbrido.

Previamente, el madrileño había ganado el Mundial de rallys en dos ocasiones, en 1990 y 1992, en ambas como piloto oficial de Toyota, y fue subcampeón otras cuatro veces, dejando un saldo de 26 victorias y un total de 97 podios.

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Lejos quedan sus amargas derrotas en 1995 y 1998, cuando perdió el campeonato mundial de rallies en la última etapa de ambos cursos, pues Sainz se ha ganado no ser recordado por su "trata de arrancarlo, Carlos, por Dios", de su entonces copiloto Carlos Moya, y sí por su calidad dentro de la pista y su infinita sala de trofeos.

Quienes trabajan a su lado destacan que más allá de su capacidad de trabajo, el madrileño es capaz de “explicar como nadie cualquier tipo de ruido”, además de hallar de manera rápida cuáles son las ventajas a exprimir y las desventajas que arreglar de un vehículo.

Inciden asimismo en que, a pesar de tener 61 años, parece como un buen vino, pues sigue moviendo una cantidad de vatios casi impensable para su edad: “En vez de llegar cansado al final de las carreras, es al revés, las termina de mejor forma y es donde más diferencias marca”, inciden quienes le conocen.

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Sainz ya era el piloto más veterano en haber ganado el Dakar al hacerlo con 57 años en 2020, pero este viernes asestó un nuevo registro, al conseguirlo de nuevo con 61 años.

Así, sus hazañas en los rallies (cuatro Dakar y dos mundiales de rally) solamente son comparables a las de los finlandeses Juha Kankkunen (4 mundiales y un Dakar) y Ari Vatanen (un mundial y 4 Dakar), aunque en números totales ya les ha superado.

Queda por ver cuál será su decisión, toda vez que este era el último año de contrato con Audi, pues la marca alemana se despedía del Dakar, centrándose a partir de ahora en entrar en la Formula Uno.

Sainz podría retirarse en lo más alto o bien seguir coleccionando etapas y rallies en cualquier buen proyecto que se le presente para seguir mostrando que la edad es solo un número.

Sólo queda esperar para conocer la decisión sobre su futuro, aunque mientras seguirá ligado al motor, como siempre lo ha estado, asesorando a su hijo en cada carrera de Fórmula Uno.

Preguntado hace unos días si le gustaría que Carlos Sainz Jr siguiera su legado en el Dakar, comentó que “no necesariamente”, aunque subrayó el pragmatismo de su hijo, uno más en esa saga que ya ha dado victorias de rally, del Dakar y también de la Fórmula Uno. Sea con uno u otro, hay Sainz para rato.

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