Elizabeth Taylor y Montgomery Clift. | Comunicación Telemadrid
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‘LaOtra Sala Clásicos’ dedica este viernes una programación especial al centenario del nacimiento de Montgomery Clift, (17 de Octubre de 1920). El programa que presenta Juan Luis Álvarez lo celebra con un homenaje en el que recupera dos de las películas que forjaron la leyenda de uno de los actores más apuestos, más carismáticos y más prestigiosos que ha dado Hollywood: ‘Un lugar en el Sol’ (a las 22h) y ‘La Heredera’, a las 00h.

En un ‘Un lugar en el Sol’, el director George Stevens convirtió, en 1951, a una joven Elizabeth Taylor en una heredera despreocupada, a Shelley Winters en una operaria enamorada y a Montgomery Clift en un guapete de clase humilde que buscaba su lugar en el sol al lado de la rica y bella. Pero la sombra de la muerte revolotea alrededor de todos. El filme aspiró a nueve premios de la Academia, se hizo con 5 estatuillas y ganó el Globo de Oro al mejor filme.

'Un lugar en el sol'. | Comunicación Telemadrid

‘La Heredera’, con Olivia de Havilland y Montgomery Clift, es, por su parte, la fiel adaptación de la novela ‘Washington Square’, de Henry James, a la gran pantalla, previo pase por los escenarios de Londres y Nueva York. Una jovencita rica pero poco agraciada verá el cielo abierto cuando el destino le ponga a tiro un apuesto galán que parece comprenderla muy bien y que parece deseoso de pedir su mano. Pero la familia de ‘La heredera’, título mítico candidato a 8 premios de la Academia, tiene la mosca detrás de la oreja.

Apuesto, sensual, con aire vulnerable y a la vez rebelde y un actor auténticamente extraordinario, Montgomery Clift había nacido en una familia adineraba venida a menos y que, pese a todo, nunca le apoyó para que llegara a ser el excepcional intérprete que fue. Consiguió tan buena fama que en Hollywood se lo disputaban. Sobre todo después de medirse con el Duque Wayne en un western inolvidable.

Para soportar el peso de su homosexualidad nunca admitida, Clift bebía y tomaba drogas a todas horas. Se gastaba una fortuna en psiquiatras por la mañana y otra en aficiones diversas por la noche. Poco después un accidente de coche le dejó desfigurado y al borde de la muerte. Le salvó su amiga Elizabeth Taylor abriéndole la boca para sacarle los dientes rotos que le impedían respirar. Nunca volvió a ser el mismo aunque todavía participase en algunos títulos míticos. Murió a los 45, según el parte de defunción, de un ataque al corazón, pero había empezado a suicidarse 20 años antes.