| Susana Pérez
(Actualizado

A sólo 20 kilómetros de Madrid, por la autovía de Valencia, la primavera ha explotado con todos sus olores y colores. El Soto de las Juntas es un pequeño espacio natural situado en la confluencia de los ríos Manzanares y Jarama, integrado en el tramo 3 del Parque Lineal del Manzanares, y estos días se muestra exhuberante y espectacular gracias a la fuerte corriente que arrastran ambos ríos y al vigor de la vegetación autóctona de bosque de ribera.

El acceso es muy sencillo; bien a pie, saliendo de la estación de metro de Rivas Vaciamadrid (línea 9), y caminando unos 300 metros por la pasarela que cruza la autovía, o bien en coche, tomando la salida 19 de la A-3, donde, enseguida, en el desvío que indica hacia el centro de formación de Protección Civil, veremos un aparcamiento de tierra.

El recorrido es circular y completamente plano, por lo que se adapta perfectamente a cualquier edad y condición física. Incluso personas con discapacidad y sillas de ruedas podrían transitar por el camino, eso sí, con ayuda, gracias a que el terreno fue prensado en otoño del año pasado. El camino completo es de unos 6,5 kilómetros, pero se puede acortar a 4,5. A buen paso, tardaremos entre dos horas y dos y media en realizar la senda.

Por supuesto, los ciclistas también pueden acceder a ella, pero sin duda se quedarán con ganas de más. Pueden completar el recorrido buscando el pie de los cortados de Casa Eulogio o la senda también circular y muy fácil de la laguna de El Campillo.

ENTRE TARAYES Y SAUCES

Sin embargo, por encima de tiempo y kilometraje, el camino ofrece un espectáculo visual extraordinario: nos reciben los tarayes en flor con su bonito color rosado, y saúcos, sauces y chopos, con sus renovadas hojas, completan una estampa auténticamente primaveral. En cualquier momento podemos desviarnos del camino buscando la orilla del Manzanares, para apreciar cómo viene mucho más limpio y con mucha más fuerza de lo habitual.

Siguiendo por la senda principal, entre almendros y sauces, llegaremos a una bifurcación; en principio tomaremos el lado de la derecha, pero el caminante puede elegir.

De nuevo el Manzanares se muestra ante nosotros, en un pequeño meandro que nos ofrece una vista espectacular, con los cantiles yesíferos al fondo como vigías permanentes. Precisamente los compuestos geológicos de esta zona tienen mucha parte de la "bendita" culpa de este paisaje, que se ha ido formando por la erosión a lo largo de miles de años.

Lo que antes era un mar interior poco profundo se convirtió, tras un paulatino drenado, en el cauce de los dos ríos, flanqueados por las llamadas terrazas del Manzanares, enormes cortados de roca que hoy en día siguen en constante renovación geológica y botánica.

UNA LAGUNA CON MUCHA VIDA

Y precisamente debido a las características del suelo, la zona se explotó durante la segunda mitad del siglo XX (de modo excesivo, todo sea dicho) para la extracción de áridos. En el lado negativo, eso generó la pérdida de parte del paisaje de soto fluvial y la marcha de algunas aves.

Pero en el lado positivo, se originaron numerosas lagunas debido a que dichas excavaciones alcanzaron el nivel freático de los ríos y se fueron llenando poco a poco. Así surgió la charca de los Veneno (a la izquierda de nuestro recorrido), que, después de su limpieza y restauración, es un delicioso ecosistema que sirve de cobijo a fochas comunes, somormujos, andarríos o patos cuchara. A ellos se les unen en esta época aves migratorias como los imponentes milanos negros y los vistosos abejarucos.

Al llegar al final de esta primera parte del recorrido, podemos adentrarnos entre el alto pasto para hallar la unión de Jarama y Manzanares. Comienza entonces el recorrido de vuelta, donde esta vez dejaremos a nuestra izquierda la laguna (que encontraremos más adelante) y a nuestra derecha caminaremos paralelos al Jarama, que corre ancho y más tranquilo en contra de nuestra marcha.

Dependiendo de la hora del día en que realicemos la marcha, podemos encontrar cuantas decenas decenas de tímidos conejos, que cruzan el camino en busca de ricas hojas que llevar a su madrigueras. Podemos hacer un alto en el camino acercándonos a alguno de los tres puestos de observación de aves que dan a la laguna. Con paciencia y una buena cámara, podemos conseguir algunos primeros planos de las aves que comentamos.

A la derecha encontraremos también la nota histórica. Este fue uno de los escenarios de la cruenta batalla del Jarama, en plena Guerra Civil (de hecho, el pueblo de Rivas Vaciamadrid quedó completamente destruido), y testigo de ella es el nido de ametralladora caído sobre el lecho del río.

Llegaremos a la bifurcación inicial y volveremos entonces por el camino de entrada. En la zona no hay fuentes ni lugares específicos para el descanso o la comida, pero cualquier claro puede ser el lugar ideal para sentarse y sentir la primavera en todo su esplendor.