6-De Roma a Salerno

El tiempo en la Tuscia tocaba su fin, siguiente parada Roma. En la capital de Italia nos alojamos en un camping a unos kilómetros de la ciudad monumental “Seven Hills”. Por la tarde Miquel expuso en el Instituto Cervantes (sito en la Plaza Nabona) su exitoso documental. Patrizia, de la Libreria Espagnola lo organizó todo. Una mujer muy simpática y pizpireta que debió ser un bellezón en su época (bueno, y lo sigue siendo).

Tras el documental charlamos con las personas que se acercaron a verlo, nos tomamos unas Nostro Azzurro (cerveza típica de aquí) y partimos para el pequeño bungaló en el que pernoctamos. Al día siguiente visitamos la Iglesia de Gesú de los Jesuitas que es su cuartel general, para intentar contactar con alguno que hablara español y diera nociones a Miquel sobre Pedro Páez, el siguiente explorador que buscaríamos en Egipto. Por la noche, de nuevo a un bar a tomar cerveza, esta vez a la tienda bistró de Paola Furlan, una amiga suya, motorista y empresaria que nos invitó a cenar tras una tarde de speed date. Eso consistió en reunir a varios hombres y mujeres que se colgaban una cartel con un número y tenían 15 minutos para conocerse antes de pasar a la siguiente cita. Divertido, pensé.

Tras vivir Roma y su caótico tráfico en el que aunque somos mayoría, las dos ruedas no cuentan, ciudad en la que creí que si tenía un accidente sería por culpa de otra moto, en la que faltaban los retrovisores para saber por donde te van a pasar, a tres centímetros de las maletas, en la que todos tienen prisa, en la que no se conduce, se pilota... nos dirigimos a Salerno. Allí nos espera un carguero (que no un ferry ni un crucero) en el que conviviremos con su tripulación y carga durante nueve días, totalmente incomunicados...

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