Iñigo nació con una grave malformación: sin ambos riñones, sin uretra y sin vejiga, una combinación extremadamente rara que, según los médicos, presentaba menos de un 1% de posibilidades de supervivencia.
Once meses después, el pequeño Iñigo lucha y sobrevive gracias a una máquina de oxígeno y diálisis y a los tratamientos y doctores del Hospital de la Paz.
A pesar de las dificultades, sus padres afrontan cada día con esperanza. Entre ingresos hospitalarios, tratamientos y muchas horas de cuidados, esperan el momento que puede cambiar su vida: un trasplante.