Mi cámara y yo: Los secretos de la Casa de Campo

Mi cámara y yo: Los secretos de la Casa de Campo

Fue Coto de Caza Real y desde 1.931 pertenece a todos los madrileños. Tiene una extensión de 1.700 hectáreas, cinco veces más que Central Park en Nueva York y siete veces más que Hyde Park en Londres. El tópico madrileño lo ha bautizado como el pulmón verde de la ciudad y no le falta razón, porque es el parque urbano más grande de Europa. Pero es mucho más. “Mi cámara y yo” les desvela “Los secretos de la Casa de Campo”.

Hay privilegiados que desde la ventana de su casa pueden contemplar la masa arbolada de la Casa de Campo. Como Puri, que hace 50 años compró junto a su marido, por 700.000 pesetas, una de las viviendas más altas de El Batán. O como Claudia, que por 900 € mensuales va a alquilar un piso en la misma zona. Para el resto de los mortales, la mejor forma de tener una visión total de la Casa de Campo es subirse al Teleférico, 50 años realizando el trayecto entre la ciudad y el parque, a una velocidad de 12 kilómetros por hora y por 6 € ida y vuelta.

Los que prefieran la visita a ras de tierra, pueden hacerla a pie, en bicicleta… y, como hace MCY, apuntándose a las rutas guiadas que recorren el parque y su historia. El Palacete de los Vargas, el túnel de Bonaparte o la primera fuente que recibió agua del Canal de Isabel II…

Pero la Casa de Campo esconde otras muchas curiosidades. ¿Sabían que, desde hace 60 años, alberga una escuela de vitivinicultura con una superficie de dos hectáreas y media de viñedos? ¿O que los bomberos de Madrid trasladan hasta allí los enjambres de abejas que retiran de la ciudad? Y si se han paseado por el parque, se habrán preguntado ¿de dónde sale este rebaño de ovejas? Pues son 300 “rubias” de El Molar que este año han vuelto a los pastos de la Casa de Campo, realizando una importante labor medioambiental.

La Casa de Campo, Bien de Interés Cultural desde 2010, es historia y naturaleza. Y sin duda ocupa un lugar especial en el corazón de los vecinos de la capital. No en vano, la leyenda cuenta que las almas de los madrileños suben hasta el Cerro Garabitas, uno de los puntos más altos del parque, para despedirse por última vez de su ciudad.

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