Mi cámara y yo: ¿Dónde me baño?

Mi cámara y yo: ¿Dónde me baño?

En la comunidad de Madrid tenemos ni más ni menos que 3.000 kilómetros de ríos, todos afluentes del Tajo, el gran río que atraviesa el mapa madrileño por su extremo sureste . Unos son más conocidos que otros como el Lozoya y el Jarama que nos abastecen de agua o el Manzanares que atraviesa la capital. Siempre son una fuente de riqueza medioambiental y algunos, una oportunidad para el ocio. Mi cámara y yo se ha preguntado “¿Dónde me baño?

En España sólo tres playas de interior ostentan la distinción de “bandera azul” y una de ellas está en Madrid. Se trata de la playa de la Virgen de la Nueva, en la zona del pantano de San Juan, donde en los días fuertes del verano se pueden dar cita más de 3.000 personas. Es una de las 4 zonas de baño permitidas en nuestra comunidad, junto con Las Presillas en el Lozoya, Los Villares en el Tajo y la playa del río Alberche.

El Lozoya a su paso por la localidad de Rascafría conforma 3 piscinas naturales conocidas como Las Presillas. Es la única zona del Lozoya donde podemos bañarnos si la temperatura del agua, alrededor de 14 grados en agosto, no nos desanima. En el extremo sureste de la región, el Tajo forma playa en Estremera y marca frontera entre Madrid y Castilla-La Mancha. Y en el suroeste, el Alberche, a su paso por Aldea del Fresno, nos deja otra zona apta para el baño, incluidos los perros siempre que vayan bien atados.

Aunque no podamos bañarnos, otras zonas fluviales de Madrid bien merecen una excursión. Sin duda La Pedriza, donde MCY acompaña a dos agentes forestales siguiendo el curso del río Manzanares. O La Hiruela, donde otros dos agentes descubren a MCY curiosidades del curso alto del Jarama, uno de los principales ríos que abastecen Madrid junto con el Lozoya. En este último, MCY recorre junto con Francisco Blázquez, Coordinador de Seguridad de Presas del Canal de Isabel II, la presa del Pontón de la Oliva, la primera de Madrid. Ocho años y el trabajo de cientos de presos de las guerras carlistas permitieron, en 1858, levantar esta obra de ingeniería para resolver los graves problemas de suministro de agua que, en aquella época, padecía Madrid.

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