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Groenlandia, donde cada día es una aventura

A 3.633 km de Madrid hay una isla, perteneciente a Dinamarca, que tiene cinco veces la extensión de España pero en la que sólo habitan cincuenta y siete mil personas. Madrileños por el Mundo se acerca al polo Norte para conocer Groenlandia.

Alberto, nuestro primer madrileño del barrio de La Latina, lleva tres años en Groenlandia trabajando como instructor de submarinismo. Cogemos un todoterreno, el único vehículo apto para desplazarse por esta zona en la que no existen las carreteras, y nos vamos a bucear bajo el hielo, no sin antes equiparnos con costosos trajes de buceo estancos especiales para aguas frías.

Nuestro segundo madrileño es todo un aventurero que ha cruzado ocho veces el Polo Norte en diferentes expediciones y en Groenlandia ha montado su propia empresa de viajes llamada Tierras Polares. Ramón, del barrio de Salamanca, nos recibe a los pies del segundo glaciar más grande del mundo (el primero también está en Groenlandia); una espectacular pared de hielo de más de cien metros de altura. Cogemos una lancha y navegamos por el Atlántico Norte sorprendiéndonos con el color azul de los enormes bloques de hielo mientras Ramón nos explica que todo el interior de la isla de Groenlandia es una inmensa meseta helada de tres mil metros de altitud, con una extensión de dos mil km de norte a sur y cerca de mil km de este a oeste.

Somos testigos de los efectos del calentamiento global. En Groenlandia la temperatura del aire sobre la capa helada ha aumentado casi cuatro grados, por lo que ahora pisamos tierra y rocas que hace tan sólo un año estaban totalmente cubiertas por hielo. Nos ponemos los crampones y paseamos por un glaciar hasta llegar a una tienda del campamento base de la empresa de Ramón para reponer fuerzas.

Cogemos de nuevo el barco y nos acercamos a una de las ciudades más importantes de la zona, Narsaq, donde visitamos la vivienda de Ramón y conocemos a su familia. Recorremos esta ciudad de casas de madera donde sólo viven unos dos mil quinientos habitantes viendo algunas de sus peculiaridades, como la alarma para incendios o las fuentes de agua, cogida directamente de un iceberg, para las casas que no tienen agua corriente.

Arancha, una monitora de esquí de Tres Cantos, nos recibe a los pies de la estatua del hijo de Erik el Rojo, Leif Eriksson “el afortunado”; quien fundó el primer asentamiento vikingo en Groenlandia.

Nuestra madrileña nos lleva a Quassiarsuk, un pequeño pueblo al sur de Groenlandia en el que sólo viven 80 personas en verano y 40 en invierno. Visitamos su “centro comercial”, donde podemos comprar todo tipo de artículos con coronas danesas; desde pan hasta rifles, pasando por carne de ballena o de foca y fruta, que aquí es casi un artículo de lujo. Arancha nos presenta a un matrimonio del barrio de Chamberí, Mariano y su mujer, que nos enseñan a pescar y llenan nuestros estómagos. Acudimos a la “casa comunal”, un espacio en el que se reúnen los habitantes el pueblo y donde encontramos electrodomésticos de uso común que muchas casas no tienen, y a la “incineradora de basura”.

Chema, del barrio de la Concepción, es un amante del deporte y trabaja aquí como guía de kayak y trekking. Con él visitamos la lonja, donde se venden pescados muy diferentes a los que encontramos en Madrid, como la foca o la anguila-lobo. Chema nos cuenta que durante el fin de semana no está permitida la venta de alcohol y nos lleva al cementerio de Narsaq, donde nos explica que en Groenlandia casi no hay árboles, sólo abedul y sauce enanos que cultivan principalmente para posteriormente usar su madera.

Después de un agradable recorrido en barco disfrutando de la gran belleza de los iceberg nos atrevemos a cambiar de medio de transporte y cogemos un kayak, el medio de trasporte tradicional del pueblo inuit.