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Cracovia, la belleza que venció a la huella nazi

Nos desplazamos hasta Cracovia, en pleno centro de Europa. La segunda ciudad más poblada de Polonia recibe cada vez a más turistas que llegan para disfrutar de su bello casco histórico que guarda multitud de historias y leyendas por descrubrir.

Los paseos en coche de caballos son típicos para conocer el centro de la ciudad. Así nos recibe Guadalupe, mostoleña de 22 años con la que descubrimos la Puerta de San Florián, el teatro Slowacki y Rynek Glówny, que con sus 40.000 metros cuadrados es la plaza medieval más grande de Europa, donde se encuentran varios edificios emblemáticos. Entre ellos, Sukiennice (La Lonja de los Paños), un histórico punto comercial que hoy sigue siendo un imprescindible para comprar artesanía y souvenirs.

La Basílica de Santa María es un lugar no sólo de culto, sino de interesantes historias medievales e impresionantes vistas. Por su parte, el Colegio Maius, que pertence a la Universidad Jagellónica, la segunda más antigua del continente después de la de Praga, acogió a ilustres alumnos como Copérnico o Juan Pablo II. Y frente al Vístula, el gran río polaco, encontramos el amplio castillo de Wawel, otra de las principales atracciones de Cracovia.

Con Sergio conocemos el Barrio Judío (Kazimierz), que sufrió terriblemente durante la ocupación nazi. De unas 60.000 personas que llegaron a vivir aquí, tras la Segunda Guerra Mundial y el exterminio apenas quedaron 6.000. Precisamente entre estos pasillos y callejuelas se rodó la oscarizada 'La lista de Schindler'.

LA TERRIBLE CICATRIZ DEL HOLOCAUSTO

Cruzando el Vístula seguimos reviviendo el horror nazi en el Gueto, una zona apartada de la ciudad a donde el ejército alemán trasladó a unos 30.000 judíos que vivían hacinados antes de ser trasladados a campos de concentración o directamente ser ejecutados. En la propia Plaza de los Héroes se encuentra Apteka Pod Orlem, un museo que recuerda la figura de Tadeusz Pankiewicz, que regentó esta farmacia durante el Holocausto y ayudó a los judíos.

A media hora de Cracovia se encuentran las minas de sal de Wieliczka, el lugar más visitado de Polonia, formado por diversas galerías donde descubrir cómo funcionó y, sobre todo, la espectacular capilla de Santa Kinga, una gran estancia ubicada y esculpida dentro de la propia mina donde se celebran conciertos y eventos.

En este viaje aprovechamos la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud para encontrarnos con jóvenes peregrinos de la parroquia de San Germán (Chamartín), con quienes visitamos el siempre sobrecogedor campo de concentración de Auschwitz, donde el régimen nazi asesinó a más de un millón de personas.

Nos desplazamos hacia el norte del país para conocer a Jesús y su ciudad, Bydgoszcz, un antiguo pueblo de pescadores que tiene una gran vida cultural y cuyo gran orgullo es la fuente Potop, que representa el Diluvio Universal, y que tras su expolio durante la Segunda Guerra Mundial fue erigida de nuevo gracias a la aportación económica de los propios vecinos.

También destacan diversos edificios como la catedral Fara, los antiguos e icónicos graneros, y, en los alrededores, el palacio Ostromecko o un edificio de la DAG, la empresa creada por Alfred Nobel para fabricar dinamita, que hoy es un museo sobre el proceso de producción. No hay que dejar de visitar a unos kilómetros la bella Torun, que vio nacer a Copérnico, y que conserva una imponente muralla original junto al Vístula.