Buscador de destinos de MxM

Camerún, toda África en un solo país

Nos desplazamos a 4.335 Km de Madrid para conocer Camerún, un país con una extensión similar a la de España, en la que encontramos toda la riqueza del continente africano. Sus poblaciones ancestrales, sus más de 250 etnias, su rica e inmensa fauna salvaje, sus impresionantes playas naturales, sus selvas y montañas hacen de Camerún un lugar único que merece la pena descubrir.

Nuestra primera madrileña, Alicia, de Argüelles, exporta café y cacao a toda Europa con su marido camerunés. Nos encontramos con ella en la capital financiera de Camerún, Douala. Allí nos explica que, además de francés, en Camerún se hablan cerca de 160 dialectos diferentes y nos habla de la pasión de los cameruneses por el fútbol. Nos cruzamos con unos cebús, de los que se obtiene la carne que más se consume en esta zona y pasamos por delante del puerto de Douala, el más grande del África Central, desde el cual se exportan principalmente madera, cacao y café.

Visitamos el barrio de New Bell y allí recorremos el mercado de las cebollas y asistimos a la misa de los niños en su Iglesia Católica. Alicia nos explica que los cameruneses son muy religiosos y que en esta zona conviven musulmanes, católicos y protestantes. Por la curiosa “calle de los tres ladrones” accedemos al barrio en el que vive nuestra madrileña para que nos presente a su marido y nos explique todos los secretos del cacao que exportan.

Visitamos el mercado de artesanía, donde encontramos curiosos objetos como máscaras, originales bolsos de cocodrilo y muñecas de la fertilidad y en el mercado de la carne probamos la carne de cebú, para luego ir a despedirnos de nuestra madrileña en la playa de Limbe.

Nuestro segundo madrileño, Joaquín, vino a Camerún hace ya 25 años desde el barrio de Retiro y actualmente dirige los campamentos de sabana de una empresa española de safaris. Con él acudimos al Palacio del Rey de Bouba, construido en el siglo XVIII y considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad. En este palacio reside desde hace más de doscientos años la familia de un importante sultán que posee un territorio de casi 35 mil kilómetros cuadrados y con el que Joaquín colabora en la lucha contra los cazadores furtivos. En la sala de reuniones nos recibe la corte del sultán, vistiendo los trajes ceremoniales y portando un sable decorativo típico de Rey Bouba. Joaquín nos explica cómo se financia el sultanato y algunas costumbres locales, como la de tener que descalzarse para atravesar la plaza en la cual se ubica el palacio del sultán.

Visitamos un asentamiento de los “mbororos”, una tribu nómada que construye sus casas de paja en forma de iglú y cada dos o tres semanas levantan sus campamentos para recorrer toda la sabana de Camerún. Joaquín nos explica que viven principalmente de sus vacas y de los animales que cazan con unas flechas envenenadas que sólo ellos saben fabricar.

Un equipo de vigilantes anti furtivos nos recibe en uno de los campamentos que gestiona Joaquín y allí cogemos fuerzas para visitar el Parque Nacional de Bouba Ndjida, donde podemos observar en su entorno natural elefantes, búfalos, rinocerontes, leones, monos babuinos (aquí llamados “cara de perro”), roan y facocheros (el jabalí africano), entre otros.

En Yaundé, nos encontramos con nuestra última madrileña, Judith de Chamberí, que dirige el College Jesus-Marie, un colegio con 160 niños que ella misma ha levantado, y dos escuelas infantiles en las que educan, alimentan y ayudan a niños de diferentes edades. Judith nos cuenta que muchos de estos niños sufren enfermedades como raquitismo o paludismo y en su dispensario les ayudan a curarse gracias a aportaciones de particulares.

Recorremos las calles de Yaundé y observamos que, a pesar de tener dos millones de habitantes y ser la capital de Camerún, tiene un modo de vida totalmente rural. Judith nos explica cómo es allí el nivel de vida mientras recorremos comercios locales y saboreamos deliciosos mangos, piñas y yuca fermentada.

Nos despedimos de nuestra madrileña en el hogar que comparte con otras siete religiosas, no sin antes recibir un preciado regalo, un Kabba, la prenda tradicional que las mujeres camerunesas utilizan fundamentalmente dentro del hogar.