La voz silenciosa del cielo: así trabaja un observador meteorológico en Barajas

  • Hoy, en el Día Mundial del Hombre del Tiempo, el trabajo de Julián sale del anonimato
Foto: ARCHIVO |Vídeo: Telemadrid

Cada mañana, cuando la mayoría de la ciudad aún duerme, Julián ya tiene los ojos puestos en el cielo. Es uno de los observadores meteorológicos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y hoy, en el Día Mundial del Hombre del Tiempo, su trabajo sale del anonimato para revelar la ciencia y la precisión que hay detrás de cada predicción que consultamos.

Su jornada en el Observatorio de Barajas comienza con la lectura de instrumentos fundamentales. "Estoy comprobando el pluviómetro", explica mientras observa un delicado mecanismo. "El balancín recoge las gotas de agua y me indica la lluvia que ha caído en este periodo de tiempo".

Pero su labor va mucho más allá de medir la lluvia. "Significa tomar datos de las variables meteorológicas en superficie: temperatura, humedad, viento, presión del aire... Y en Barajas, además, medimos esos valores en altura, en lo alto de la atmósfera".

Siguen las lluvias este jueves en Madrid, con aumento de las temperaturas
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El momento más especial de su rutina ocurre dentro de un contenedor blanco, la sala desde donde se lanza el globo sonda. "Es un robot lanzador de globos de sondeos aerológicos", detalla Julián. Este globo, que parece un simple globo de helio, es en realidad un sofisticado instrumento que mide la temperatura, la velocidad del viento y la presión a distintas alturas.

El proceso es casi un ritual. Una vez inflado con helio, "se ha abierto la cubierta, se libera el globo". La misión del globo es ascender hasta límites inimaginables. "Dentro de una hora y media habrá llegado a los 25 kilómetros. Eso es la estratosfera".

Allí, en las puertas del espacio, el globo cumple su destino: "Estallará y transmitirá toda esa información al Centro Nacional de Predicción", explica Julián. Esos datos son la materia prima esencial para elaborar los pronósticos que guían desde un viaje en coche hasta el despegue de un avión.

¿Hasta cuándo va a seguir lloviendo en Madrid?
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Ser observador meteorológico es un ejercicio de rigor y constancia. Cada dato es una pieza de un puzle gigantesco que define el estado de la atmósfera. Su trabajo, aunque muchas veces invisible, sostiene la columna vertebral de la predicción, alimentando los modelos numéricos que anticipan tormentas, olas de calor o nevadas.

Hoy, en su día, se reconoce la labor imprescindible de Julián y de todos los profesionales que, desde cientos de observatorios repartidos por la geografía, vigilan el cielo. Son ellos quienes, con su mirada atenta y sus mediciones precisas, hacen que el futuro meteorológico sea un poco menos incierto y nuestro día a día, un poco más fácil de planificar. Son, en definitiva, las voces que nos susurran, con datos y ciencia, qué nos depara el cielo.

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