Jerzy Radlowski, el rostro del drama vivido en las residencias de ancianos de Madrid

Jerzy Radlowski, el rostro del drama vivido en las residencias de ancianos de Madrid

Al drama vivido en las residencias de ancianos por el coronavirus, le ponemos cara y nombre.

Tamara nos cuenta lo que ocurrió con su padre. Se llamaba Jerzy Radlowski Nowak. Madrileño de origen polaco que llevaba en Madrid 60 años. Tenía 92 años y vivía en la residencia Isla Taray de Morata de Tajuña.

Según cuenta a Telemadrid, la geriatra del Hospital de Arganda no aprobó su traslado al hospital. Escuchamos un fragmento de la conversación telefónica mantenida entre la hija de Jercy y la enfermera de la residencia, quien explica la situación.

La hija, una y otra vez, pregunta si no hay posibilidad de trasladar a su padre a un hospital para recibir tratamiento. En el audio se escucha como la enfermera le dice: "Nosotros lo hemos intentado, pero no hay ninguna forma (...) Ella (la geriata del hospital) se pone en contacto con nosotros e indica el tratamiento que considera oportuno".

"Madre mía, que no hay ninguna manera, ella ha dicho que no se le traslada"

La respuesta es siempre la misma. No tienen autorización de la geriatra del centro hospitalario. "Nosotros siempre lo intentamos -reitera la enfermera- y luego ellos, los médicos, te dicen si tienes que derivarlos o no derivarlos. Ellos deciden", ante la impotencia de Tamara.

La conversación se produjo el 4 de abril, cuando Tamara recibe la llamada de la residencia para explicarle que su padre se encuentra con problemas respiratorios y convulsionando. Desde la residencia, ante las peticiones de la hija de que sea traslado al hospital, se les señala que no hay autorización por parte de la geriatra del hospital. "Madre mía, que no hay ninguna manera, ella ha dicho que no se le traslada" -se lamenta- " me da la sensación que la geriatra no tiene familiares mayores, es muy duro".

Al parecer, los motivos de la negativa para su traslado fueron básicamente dos: la edad de Jerzy y el deterioro cognitivo que padecía cuando murió el pasado 13 de abril a las 7.20 horas de la mañana.

"Murió asfixiado y eso no se lo merece nadie", dice con dolor

Tamara, en declaraciones a Buenos Días Madrid, no tiene palabras de queja hacia la residencia, aunque sigue sin encontrar explicación a la decisión médica adoptada que impidió el traslado al hospital. "Mi padre no tenía deterioro cognitivo", llega a decir y afirma que "la residencia entendía que debía ser derivado". No sabe si este traslado le hubiese podido salvare la vida, pero si tiene claro que al menos "no hubiese sufrido tanto". "Murió asfixiado y eso no se lo merece nadie", dice con dolor.

Tamara insiste en que no ha recibido ninguna explicación sobre por qué este traslado no se produjo y aunque ella es consciente de que su padre era muy mayor, también denuncia que "no se le ha dado ninguna opción de vida". "Era mi padre y a mi padre se le ha abandonado y no se por qué (...) Me imagino que por la saturación", lamenta sin tener una respuesta.