La Barcelona de los años 30 en "La verdad no termina nunca"

La Barcelona de los años 30 en "La verdad no termina nunca"

Libros por un tubo con Anna Grau vuelve al programa Buenos Días Madrid de Telemadrid. Esta vez llevamos debajo del brazo una novedad editorial de hace sólo dos meses: La verdad no termina nunca (Destino), de Sergi Doria.

Sergi Doria es un conocido periodista y escritor catalán en lengua castellana que reivindica muy seriamente que la patria de un escritor no es su lengua, como se ha dicho a veces, sino su lenguaje. Esta distinción viene a cuento de las interferencias de la política en la literatura, que casi nunca o nunca son buenas.

Así como a veces basta con una novela para entender mejor una tragedia o una guerra, desde la Suite Francesa de Irene Nemirovski a Patria de Fernando Aramburu, jamás una guerra ha mejorado un libro. En La verdad no termina nunca, ambientada en la Barcelona de los años 30 y cuajada de agudas escenas de la corrupción, la integridad y la miseria humanas, Doria revive unos sectarismos ideológicos y periodísticos que hace verdadera pupa ver cuánto se parecen a algunos de ahora.

La novela nos retrotrae al curioso infierno de unas checas, unas cárceles del pueblo, diseñadas de acuerdo con las teorías que el genial pintor húngaro Vasili Kandinski volcó en su obra De lo espiritual en el arte, publicada por primera vez en Munich en 1912.

Quien no conociera esta historia se horrorizará. Pero también habrá tenido la oportunidad de asomarse a la maravillosa humanidad del genio de Kandinski, tirando tozudamente del espíritu humano hacia muy arriba, más arriba de las estrellas. No basta con traicionar y pervertir un libro para privarnos de su luz. La verdad no termina nunca y sólo hay que salir a leerla y a buscarla