El corto que denuncia la explotación de los repartidores de comida rápida

El corto que arrasa en las redes sociales cuenta ya con más de 325 mil visualizaciones.
El corto que arrasa en las redes sociales cuenta ya con más de 325 mil visualizaciones.

Glovo, la aplicación que entrega productos y comida a domicilio, ha comunicado su apuesta por la diversificación para crecer y reta a Amazon, Mercadona y El Corte Inglés con su entrada en el segmento de los supermercados con entregas en 20 minutos.

"Nos queremos convertir en el supermercado a domicilio más rápido, que entrega las 24 horas los siete días de la semana. No venimos a competir con nadie, porque lo vemos como una oportunidad y es nuestra entrada a pedidos más grandes", ha avanzado el cofundador y consejero delegado de Glovo, Oscar Pierre, en un encuentro con la prensa.

Muchas son las bicicletas que recorren Madrid con nombres a su espalda de Deliveroo, Glovo o Uber Eats. Cada vez más gente pide comida a domicilio a través de estas apps. Esto es lo que ha querido reflejar Pau Rodilla en su corto '¡Hola, buenas noches!' cuenta ya con más de 325.000 visualizaciones.

El protagonista, "un esclavo posmodernista", como él mismo se define, es un repartidor de comida a domicilio de Valencia reflexiona acerca de su trabajo y su vida.

"Está claro que los tiempos cambian, joder." Asegura, pero, "¿de verdad es una mejora tener un ejército de esbirros deambulando por la ciudad satisfaciendo los impulsivos deseos de esta sociedad enferma?" prosigue.

“Nosotros vendemos nuestro tiempo a cambio de dinero, dinero con el cual pagamos a otros para que hagan las cosas que no nos da tiempo a hacer porque estamos trabajando tratando de ganar más dinero.

"Primero nos robaron el tiempo y luego con él crearon una industria del falso tiempo libre"

Un critica feroz a la fugacidad de la vida postmoderna, a las prisas, al trabajo precario y a la falta de sonrisas y agradecimientos diarios. Buscando recuperar la cercanía y el calor de las personas.

"Primero nos robaron el tiempo y luego con él crearon una industria del falso tiempo libre que creemos recuperar cada vez que hacemos la compra por Amazon."

El final del relato no deja indiferente a nadie. El protagonista, con firmeza, baja de su vehículo, mira a un lado. Y, grita con fuerza:

"Y sí, somos esclavos de día, pero señores feudales de noche".