El papa Francisco pone su vida bajo la protección de la Virgen de Aparecida

El papa Francisco ha llegado al santuario de Aparecida, segunda etapa de su visita a Brasil, donde se postró a los pies de la patrona del país, en cuyas manos puso su vida y su pontificado, así como la protección de los jóvenes y la Jornada Mundial de la Juventud.

El Obispo de Roma fue recibido por el cardenal arzobispo de Aparecida y presidente de los obispos brasileños, Raymundo Damasceno Assis, con quien se trasladó en el papamóvil cubierto con un cristal transparente para librarle de la lluvia hasta el santuario, donde se venera a la Virgen que le da el nombre y que es el más visitado de Brasil, con casi 12 millones de fieles al año.

Francisco fue acogido con cánticos, vivas y aplausos por los fieles, que desde la pasada noche desafían la lluvia y el frío para ver al primer papa latinoamericano, quien, en su línea, no dudó en detener el papamóvil para estrechar las manos de los fieles y besar niños.

"EN VUESTRAS MANOS PONGO MI VIDA"

Una vez en el templo, Francisco se dirigió a la "Capilla de los Doce Apóstoles", donde está expuesta la imagen de Nuestra Señora de Aparecida, ante la que se postró y oró durante unos minutos.

"En vuestras manos pongo mi vida", afirmó el papa, emocionado, en la plegaria que dedicó a la Virgen, en la que también puso bajo su protección a los jóvenes.

"¡Cuanta fuerza, cuanta vida, cuanto dinamismo brotando al servicio de la vida!", añadió.

Después ofició una misa en la que exhortó a los fieles a no perder la esperanza. El Papa ha invitado a inculcar en la juventud valores como la solidaridad, la perseverancia, la fraternidad y la alegría para enfrentarse a "tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios" como "el dinero, el éxito, el poder o el placer".

Se trata de la primera homilía que pronuncia el Pontífice durante su visita a Brasil para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Dios "nunca deja" que sus hijos se hundan y, por ello, ha exhortado a "no perder la esperanza" pues "el dragón, el mal, existe en la historia pero no es el más fuerte".

Francisco ha apuntado que "Dios actúa y sorprende también en medio de las dificultades" y que el cristiano "es alegre, nunca triste" y que, por tanto, "no puede ser pesimista". "No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se inflamará de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor", ha insistido.

TERCER PAPA QUE VISITA A LA APARECIDA

La imagen de la Virgen de Aparecida apenas tiene 40 centímetros de altura y pesa 4 kilos. Fue hallada el 12 de octubre de 1717 en el río Paraíba por tres pescadores que habían sido enviados al lugar a pescar por el entonces gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, Pedro de Almeida.

La imagen es negra debido al fango del río y al humo de las velas, según los estudiosos, pero según la tradición se debe a que quiere estar al lado de los oprimidos, los pobres y los excluidos, especialmente el pueblo negro en la historia de aquellos años de Brasil.

Unas 200.000 personas se calcula que han acudido a la pequeña localidad, de unos 35.000 habitantes, para acompañar al papa.

Miles de ellos han pasado la noche desafiando la ola de frío que azota estos días Brasil.

La basílica, la más grande de Brasil, tiene capacidad para 30.000 personas, aunque sólo han podido entrar 15.000 y el resto han seguido la misa desde la explanada del santuario.

Tras la misa, el papa saludará desde el balcón a los fieles y después se trasladará al seminario Bom Jesús, donde bendecirá una imagen de fray Galvao, el fraile que proclamó santo Benedicto XVI en Sao Paulo en 2007.

El papa Bergoglio regresará por la tarde a Río y visitará allí el hospital de San Francisco de Asís de la Providencia, dedicado a la recuperación de jóvenes drogadictos y alcohólicos.

Francisco es el tercer papa que visita Aparecida. En 1980 lo hizo Juan Pablo II y en 2007 Benedicto XVI.

MEDIO MILLÓN DE JÓVENES EN LA MISA DE LA PLAYA DE COPACABANA

Más de 500.000 jóvenes de todo el mundo asistieron en la playa de Copacabana de Río de Janeiro a la misa de apertura de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, en la que fueron recordadas las palabras de Juan Pablo II: "América se tu misma, fiel a Cristo" y resiste "ante quienes quieren ahogar tu vocación de esperanza".

La ceremonia, a la que asistieron entre 500.000 y 600.000 jóvenes, según el portavoz vaticano, Federico Lombardi, comenzó con la entrada de la Cruz de los Jóvenes portada a hombros, así como un icono de la Madre de Dios, también llevado a hombros, en procesión.

La conocida como "Cruz de los Jóvenes" es de madera, casi cuatro metros de alta, cuyos brazos miden 1,75 metros y pesa 31 kilos. Fue entregada por Juan Pablo II a los jóvenes en 1984, cuando creó estas jornadas y desde entonces ha sido llevada por todos los rincones del mundo y presidido todas las JMJ.

A la ceremonia asistió más de un centenar de obispos, de los 250 previstos, que se cubrían las casullas con capas de plástico transparente, y varios centenares de sacerdotes. "Esta es una JMJ particular, ya que la preparó Benedicto XVI, que tenía previsto asistir, pero renunció antes al papado, y la preside Francisco, el primer papa latinoamericano. "Los caminos del Señor son inescrutables", precisó.

El cardenal destacó que la JMJ se desarrolla a los pies de la famosa estatua del Cristo Redentor del Corcovado, "con sus brazos abiertos, preparados para acoger a todos los seres humanos".

El arzobispo de Río de Janeiro, Orami Joao Tempesta, destacó que durante esta semana la ciudad se ha convertido en el centro de una iglesia joven y viva e invitó a los muchachos a ser "protagonistas de un mundo nuevo, un mundo que necesita gente como vosotros, llamados a formar una nueva generación que vive la fe y la transmite a la siguiente". "Tenemos muchas barreras e injusticias que superar. Vamos a construir puentes en vez de barreras y obstáculos", precisó.