Toros con genio y público crispado en la "corrida del año"

sociedad

| 06.06.2013 - Actualizado: 17:45 h
REDACCIÓN

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Una mayoría de toros con genio y violenta mansedumbre y una parte de público que impuso su crispación en el ambiente fueron los condicionantes negativos de la tradicional corrida de Beneficencia, considerada siempre como la más importante del año, y que se celebró en Las Ventas.

FICHA DEL FESTEJO

Cuatro toros de Valdefresno, de correcta presencia y de juego descastado, brusco y a la defensiva. Y dos de Victoriano del Río (1º y 6º), uno noble y dócil pero flojo de remos, y el otro también mansote y violento.

Juan José Padilla: pinchazo y estocada (silencio tras aviso); dos pinchazos, estocada contraria desprendida y descabello (silencio tras dos avisos).

Morante de la Puebla: pinchazo y bajonazo (pitos); cuatro pinchazos y pinchazo hondo en los bajos (leve división tras aviso).

Sebastián Castella: estocada corta trasera y descabello (silencio tras aviso); media estocada trasera tendida y descabello (silencio tras aviso).

En las cuadrillas destacaron, durante la lidia del sexto, el picador Josele y Javier Ambel, que saludó en banderillas.

La corrida fue presidida desde el Palco Real por la Infanta Elena; el ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert; el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González; el presidente de la Asamblea Regional, José Igancio Echevarria, y la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes.

Lleno de "No hay billetes" en los tendidos, en tarde calurosa.

EL CONTRA AMBIENTE

La plaza de las Ventas es como un organismo vivo, con sus propios humores y cambios de temperamento. Después de tantos días de feria, y una vez retomada la actividad con la feria del Arte y la Cultura, hoy tocaba crispación, algo que ya parece intrínseco a los días de llenazo.

Ese ambiente encrespado y agrio, dirigido por los líderes del siempre ruidoso tendido del siete, se unió en esta Corrida de Beneficencia al juego arisco, áspero y violento de los descastados toros de Valdefresno, con los que quiso ser solidario uno de los dos remiendos de Victoriano del Río.

El primero, también de éste último hierro, fue el único dócil y noble del encierro, pero tan flojo de remos que no llegó a desarrollar su apuntado potencial. Con ese preciso ejemplar volvió a torear en Madrid Juan José Padilla, después de año y medio de operaciones y de superación personal tras el gravísimo percance sufrido en Zaragoza en octubre de 2011.

Al diestro jerezano se le vio templado y asentado en el saludo capotero, y reunido y puro en un tercio de banderillas que, por poco espectacular, apenas si fue tenido en cuenta por un público que empezaba ya a rumiar la crispación posterior.

Con la muleta, no consiguió Padilla hacer brillar las atisbadas prestaciones del toro por encima de su feble condición, en un esfuerzo que no llegó nunca a tomar vuelo.

El cuarto se rajó ya en el segundo tercio, pero el torero de Jerez, le mantuvo en la pelea a base de tenerle fijo en la muleta y de aguantar los parones del animal cuando se desfondó, a costa incluso de una voltereta en la que dio la impresión, luego no confirmada, de resultar herido.

Morante de la Puebla no tuvo contemplaciones con un segundo de Valdefresno que ya marcó la tónica de genio de sus hermanos: el sevillano no llegó a estar ni tres minutos con la muleta en la mano una vez comprobó su imposible condición. Y los silbidos sonaron por primera vez en la tarde.

En cambio, puso luego todo de su parte con el quinto, al que cuajó, intercaladas por el poco recorrido del toro, tres o cuatro verónicas mecidas, que también repitió en un quite interrupto.

Desarrolló el de Valdefresno mal estilo, con una embestida descompuesta y rebrincada que Morante intentó suavizar con temple y sosiego, tanto en los pies como en las muñecas. Pero fue entonces cuando más se crispó el tendido, de donde salían continuas y extemporáneas recriminaciones, ante las que el torero incluso llegó a descararse.

Y cuando el toro se paró, Morante se dio a una penosa serie de pinchazos, mientras en el alto del 7 saludaba una ovación Rafael de Paula, el genial torero gitano que fuera su apoderado. Cosas de Las Ventas.

También Sebastián Castella, que fue el único que no brindó al Palco Real, le puso valor y empeño a dos faenas de improbable lucimiento, ante un tercero flojo pero con temperamento difícil de someter y ante un sexto que respondió al mando y a la firmeza del francés con cabezazos cada vez más violentos, antes de rajarse por completo.