Pureza de Delgado y valor de Saldívar en el cierre de temporada en Las Ventas

El segundo a punto estuvo de cortar una oreja y no dejó escapar la última oportunidad

sociedad

| 13.10.2012 - 13:59 h
REDACCIÓN

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El buen concepto de Miguel Ángel Delgado y el valor sin alharacas de Arturo Saldívar fue lo más destacado del último festejo de la temporada en Las Ventas, celebrado hoy en la Monumental madrileña con motivo del día de la Hispanidad.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Samuel Flores, segundo, tercero y sexto con el hierro de Manuela Agustina López Flores, de impecable presentación y de juego variado. El mejor, el segundo, aplaudido; con calidad pero sin fuerzas, tercero y quinto; manso y complicado el primero; deslucido el cuarto; y exigente el sexto.

Eduardo Gallo: dos pinchazos y estocada caída (ovación); y cuatro pinchazos, estocada caída y descabello (silencio tras aviso).

Miguel Ángel Delgado: estocada muy trasera y tendida, y nueva estocada (ovación); y media (silencio).

Arturo Saldívar: estocada (silencio); y pinchazo y estocada (aviso y ovación tras petición insuficiente).

La plaza tuvo un tercio de entrada en tarde de nubes y claros, y progresivamente fresca.

TOREROS A TENER EN CUENTA

Una corrida cuanto menos interesante para festejar el día de la Hispanidad, y que sirvió además para echar el cierre a la temporada en Las Ventas.

El encierro de Samuel Flores lució una fachada espectacular. Toros sin exageraciones de volumen, pero con cuajo y trapío más que suficiente; y mejor aún, los seis sin excepción serios e imponentes de pitones. Una "señora" corrida de toros.

Otra cosa fue el comportamiento que ofrecieron, pues hubo de todo, desde el buen segundo, a los complicados primero y sexto, pasando por la calidad aunque pocas fuerzas de tercero y quinto. El cuarto, por su parte, fue el más deslucido con diferencia.

Y con todo esto, tres toreros que, dentro de las posibilidades que tuvieron cada uno, dieron la cara y pasaron con nota el último compromiso del año en la Monumental madrileña.

Gustó la actitud de Gallo, la pureza y magníficas formas de Delgado, y el valor y sinceridad del mexicano Saldívar. Sin duda, tres toreros a tener en cuenta para el año que viene.

Sorprendió, y de qué manera, la serenidad, la quietud, el temple y el aroma del sevillano Miguel Ángel Delgado en su quinto paseíllo de la temporada.

A sus manos fue a parar el mejor toro de la tarde, el segundo, un astado que se desplazó con buen son, y al que Delgado, sin probaturas previas, pegó dos series al natural de una exquisita suavidad, inmóvil el torero y llevando al animal largo y muy templado. A derechas surgieron también un par de tandas en el mismo corte.

La pena fue que a partir de ahí el toro comenzó a perder fuelle, pero Delgado, muy resolutivo en todo momento, suplió dicho hándicap con cositas muy pintureras como trincheras, cambios de mano y pases desmayados, que gustaron en los tendidos. El fallo a espadas le privó de un posible trofeo.

El quinto fue toro tan dulce como flojo, con el que se volvió a ver a un Delgado reposado y muy templado para conseguir exprimir el poco fondo que tenía el animal.

Saldívar no tuvo oponente propicio en el primero de su lote, toro en el límite de las fuerzas, que por abajo claudicaba y por arriba se defendía con un feo tornillazo. Faena, por tanto, voluntariosa pero carente de emoción.

Lo bueno del mexicano vino en el sexto, toro que embestía con fuerza pero sin terminar de pasar, quedándose debajo, con el que Saldívar hizo una apuesta valiente y muy sincera, con actitud y aptitud para arrancar muletazos de mucho mérito por un y otro pitón. El pinchazo previo a la estocada hizo que perdiera una oreja que tenía más que asegurada.

A Gallo le tocó bailar con la más fea, y su triunfo esta vez fue salir indemne y por su propio de la plaza.

Su manso y complicado primero, que se colaba por los dos pitones, llegó a voltearle hasta en dos ocasiones, por suerte, sin mayores consecuencias. El salmantino anduvo firme en un planteamiento de faena sin concesiones, y por ello saludó una merecida ovación.

Con el cuarto, toro gazapón y frenado, de cortas y espaciadas embestidas, y defendiéndose además por sus pocas fuerzas, Gallo anduvo tesonero sin más en un continuo quiero y no puedo.