Perera, con un firme valor, corta la primera oreja de la feria

sociedad

| 16.05.2013 - 13:15 h
REDACCIÓN

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El torero extremeño Miguel Ángel Perera, que desplegó un firme valor ante un lote muy exigente, cortó la primera oreja en corrida de a pie de la presente feria de San Isidro.

FICHA DEL FESTEJO: Seis toros de Alcurrucén, muy bien presentados, muy agresivos de pitones y con finas hechuras. Corrida de juego dispar: noble el primero y encastado el tercero; el resto, desrazados o mansos a la defensiva.

Sebastián Castella: pinchazo y estocada (silencio tras aviso); pinchazo y bajonazo (silencio tras aviso).

Miguel Ángel Perera: estocada (oreja); estocada desprendida y trasera (ovación tras leve petición).

Ángel Teruel, que confirmaba la alternativa: estocada desprendida (gran ovación); media estocada y descabello (silencio).

Saludaron en banderillas Javier Ambel y Joselito Gutiérrez.

La corrida comenzó con 25 minutos de retraso para dar tiempo a acondicionar el ruedo tras las lluvias de la noche y la mañana.

Séptima corrida de feria, con lleno en los tendidos.

A UN PASO DE LA PUERTA GRANDE

En la punta de los dedos tuvo Miguel Ángel Perera la salida a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas. Le faltó, tal vez, haber matador mejor al quinto de la tarde, o haber cuajado con más rotundidad al primero del lote, al que sí que cortó la primera oreja que un torero de a pie pasea esta feria de San Isidro.

Aun así, la nota destacada de la corrida fueron la firmeza y el seguro valor con que el diestro de Badajoz se empleó ante dos toros de comportamiento muy exigente y ante los que hizo valer la gran autoridad de su muleta.

Con su primero, él mismo se hizo el quite desde el suelo cuando tropezó y cayó a la arena al recibirlo a la verónica. Pasado el susto y después de que su banderillero Joselito Gutiérrez se la jugara de verdad para clavar los palos, el toro rompió inesperadamente a embestir con mucha fuerza y transmisión.

Sorprendido el mismo Perera de ese cambio de comportamiento, se tuvo que aplicar a fondo para someter esas vibrantes embestidas, siempre repetidas, que pusieron emoción a la faena.

Asegurado a veces tras la muleta, pero firme siempre, el trasteo del extremeño bajó al torear al natural, antes de remontarlo de nuevo con un final de obra de gran quietud, sin rectificar nunca su posición. Una contundente estocada dio paso a la concesión del trofeo.

El quinto fue un toro muy distinto, un cinqueño que embistió con violentas oleadas, intentando salirse siempre por encima del palillo de la muleta de Perera, que, con la misma seguridad, fue atemperándolo pase a pase.

También aquí bajó algo el nivel de la faena por el pitón izquierdo, pero otra vez lo remontó el pacense en la distancia corta y en un remate por ajustadas y espectaculares manoletinas, con el toro saliendo de la suerte con los pitones por las nubes.

Sólo la defectuosa colocación de la estocada, desprendida y trasera, evitó que la petición de oreja fuera suficiente.

La tarde se había abierto con una notable actuación de Ángel Teruel, que confirmó su alternativa. Una grave cornada en el rostro, sufrida en el anfiteatro romano de Arles (Francia), impidió que se presentara como matador en Madrid el pasado año. Pero todo ese tiempo parece que le ha venido bien para madurar más su toreo.

La faena a ese primer toro, el más noble y manejable de la corrida, estuvo marcada, sobre todas las cosas, por la naturalidad y el temple con que se manejó el joven madrileño.

Sin forzar nunca la figura y acompasando con el cuerpo las embestidas, las primeras series de muletazos de Teruel tuvieron mucho sabor y buen gusto, ligadas además en un palmo de terreno. Únicamente, al toro le faltó algo más de recorrido y pujanza para que el trasteo llegara con más fuerza al tendido. El descastado y soso sexto no le dejó luego repetir tan buen toreo.

Al francés Sebastián Castella le correspondieron dos toros que se defendieron con genio y mal estilo, y a ambos les hizo dos faenas tan largas como improductivas, mal rematadas además con la espada.