'El Juli' pierde un gran triunfo con la espada en su regreso a la maestranza

sociedad

| 09.04.2016 - 18:57 h
REDACCIÓN

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El diestro Julián López El Juli, que sólo cortó una oreja, perdió hoy un triunfo mayor en la feria de Abril al fallar con la espada tras una notable faena al quinto toro de la tarde en que volvía a Sevilla después de tres años de ausencia.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Victoriano del Río (3º y 6º con el hierro de Toros de Cortés), de desigual remate, volumen y juego. Entre varios muy bajos de raza, que se rajaron o desfondaron, destacó el lote de El Juli, de mayor entrega y duración.

Morante de la Puebla, de gris tórtola y oro: estocada corta y tres descabellos (silencio); tres pinchazos, estocada trasera y descabello (ovación tras dos avisos).

El Juli, de burdeos y oro: estocada tendida desprendida (oreja); pinchazo hondo y siete descabellos (ovación tras aviso).

Miguel Ángel Perera, de verde hoja y oro: pinchazo, estocada caída perpendicular y cuatro descabellos (ovación tras aviso); estocada caída (ovación).

Entre las cuadrillas, Curro Javier y Guillermo Barbero saludaron tras banderillear al tercero.

Séptimo festejo de abono de la feria de Abril de Sevilla. Lleno de "no hay billetes", en tarde primaveral con rachas de viento.

DECÍAMOS AYER...

Hace justo tres años, en este mismo ruedo y ante un toro de la misma ganadería de Victoriano del Río, El Juli resultó herido de mucha gravedad en la que había sido su última actuación en la Maestranza.

Un largo contencioso con la empresa gestora del coso sevillano provocó que la figura madrileña no volviera a pisar hasta hoy el albero de una cátedra donde entonó un claro "decíamos ayer"... que se quedó sin una mayor recompensa por sus fallos con la espada.

Porque el balance de la solitaria oreja que le cortó al primero de su lote no refleja la verdadera dimensión de su vuelta a Sevilla, en tanto que la posterior faena al quinto aún alcanzó mayores méritos.

Si con el segundo de la tarde ya había estado Juli firme y rotundo, exigiendo tal vez de más a un astado noble pero con el fuelle justo, fue con ese quinto, al que recibió con una larga a portagayola, con el que su toreo logró más eco en el tendido.

Pese a que se enceló durante casi cinco minutos en el peto del caballo de picar, este otro ejemplar de Victoriano del Río conservó su clase y el suficiente fondo de raza como para aguantar una larga faena de El Juli y con un planteamiento igual de férreo.

Y, también como la otra, la obra alcanzó su mayor nivel en el toreo natural, por donde el torero de Madrid corrió la mano con seguro trazo, aun a costa de una menor ligazón de los pases. Fue una gran forma de reivindicar sus dignidad torera, pero él mismo se encargó de devaluarla con una muy desafortunada manera de descabellar.

También los fallos con la espada le hicieron perder un trofeo a Miguel Ángel Perera en su única actuación de la feria en que también regresaba a Sevilla. Se lo hubiera cortado de un tercer toro que tomó descaradamente el camino de las tablas, donde el extremeño le acosó y le obligó a tomar la muleta con una determinación que se agradeció en el tendido.

Tras casi dos horas y media de corrida, Perera también recibió de rodillas frente a chiqueros al sexto, que no se rajó pero sí que se desinfló pronto y restó emoción a un largo arrimón con que el de Badajoz intentó mantener el interés.

Pero en una corrida donde se palpó la competencia y donde la terna intentó justificar su jerarquía, Morante de la Puebla fue quien logró los momentos más artísticos y expresivos ante un lote que no le dejó redondearlos.

Las hondas verónicas con que saludó al primero y los empapados derechazos con que le abrió faena antes de que el animal se desententendiera del trapo tuvieron continuidad en un soberbio y templado quite por tafalleras con que replicó las gaoneras de Perera al tercero.

Y aún habría más pasión en su arrebatada faena al cuarto, otro manso que se aconchó en las tablas. Y hasta la querencia se fue Morante para robarle muletazos de mucha verdad y con una entrega total, que lograron arrancar olés absolutamente impensables sólo unos minutos antes.

Pero tanto se ensimismó el de la Puebla en su largo y apasionado empeño que, después de nuevos fallos con los aceros, en el ambiente flotó por momentos el temor de que se volvieran a repetir los tres avisos que el de la Puebla escuchó el domingo de Resurrección.