Ferrera y la cuadrilla de Castaño, protagonistas con los "adolfos"

El diestro extremeño Antonio Ferrera, que cortó una oreja tras un despliegue lidiador, y la cuadrilla del salmantino Javier Castaño protagonizaron momentos muy brillantes ante los toros de Adolfo Martín lidiados hoy en Las Ventas.

FICHA DE LA CORRIDA: Seis toros de Adolfo Martín, varios cinqueños y de dispar remate, aunque todos mucha con seriedad y en el tipo de su encaste. Dieron un juego también variado, pues los hubo tanto con nobleza como con complicaciones, ninguno fácil.

Antonio Ferrera: estocada desprendida (gran ovación tras petición de oreja); estocada y descabello (oreja).

Javier Castaño: media estocada trasera contraria (silencio); pinchazo, pinchazo hondo y descabello (vuelta al ruedo tras aviso).

Alberto Aguilar, que sustituía a Iván Fandiño: estocada atravesada (ovación); pinchazo, pinchazo hondo, pinchazo, media desprendida y descabello (silencio tras aviso).

Tras la muerte del tercer toro, Castaño fue atendido en la enfermería de un puntazo en el primer dedo de la mano derecha, con lesión de la musculatura abductora del pulgar, de pronóstico leve. Por ello se corrió el turno de lidia y salió para matar a su segundo toro en sexto lugar.

En las cuadrillas destacaron banderilleando David Adalid y Fernando Sánchez, que saludaron en dos ocasiones. En la brega, Rafael González. Y picando, Tito Sandoval.

Vigésimo segunda corrida de la feria, con los tendidos casi llenos.

COMO EN LAS VIEJAS ESTAMPAS

La seria y nada fácil corrida de Adolfo Martín generó hoy en Las Ventas estampas de lidia y toreo añejos. Para empezar, por su propia estampa, muy parecida a la de los "victorinos" de hace unas décadas, cuya sangre llevan. Y también por un juego propicio para que los toreros tiraran de unos recursos y una gallardía cada vez menos habituales en los ruedos.

Quien hizo un mayor despliegue de toda esa torería de otro tiempo fue el extremeño Antonio Ferrera, que demostró una gran autoridad lidiadora durante toda la tarde, y no sólo con los dos toros de su lote.

Siempre presente en la arena, haciendo valer tanto su decisión como su madurez profesional, Ferrera movió el capote con tanta precisión como vistosidad, haciendo bello lo práctico y ejerciendo en todo momento como sabio y nada demagógico director de lidia.

Y también lo hizo así con las banderillas, sobre todo en el pausado y recreado tercio que cuajó con el cuarto. Jugando con los terrenos y dominando muy distintas suertes, el torero de Badajoz creó un escenario singular en sendos tercios que tuvieron más sabor que esa espectacularidad tan al uso en estos tiempos.

Con la muleta, ya tuvo peso su faena al primero de la tarde, un serio y hondo toro que pedía precisión y pulso para embestir. Todo eso se lo dio Ferrera, que se encontró con la todavía tibia respuesta del público en el inicio de la corrida y una petición de oreja insuficiente.

El trofeo le llegaría en el cuarto turno, después de un nuevo alarde lidiador en el primer tercio, en el que, por su empeño en lucirlo en el caballo, tal vez centró demasiadas expectativas sobre un toro que en realidad empezó ya a desfondarse tras el primer puyazo.

Le faltó luego recorrido y entrega al animal, y el extremeño tuvo que meterse en la distancia corta para provocarle las embestidas, lo que no llegó a ser entendido por parte del público. Aun así, Ferrera supo resolver con oficio y dominio de la escena hasta cortar ese trofeo que premiaba toda su actuación en conjunto.

A punto estuvo de pasear también un trofeo del sexto Javier Castaño, después de haber sido atendido en la enfermería de un puntazo en un dedo de la mano derecha. Aunque bien podría decirse que más de la mitad de los méritos para ese posible trofeo ya los hizo su propia cuadrilla.

La ostentosa suerte de varas que llevó a cabo Tito Sandoval y el sobrado protagonismo que, como en el toro anterior, tuvieron sus subalternos David Adalid y Fernando Sánchez en banderillas pusieron los tendidos en pie y dejaron a Castaño un ambiente muy caldeado para cuando cogió la muleta.

Pero el torero castellano-leonés no estuvo al mismo nivel que sus subordinados, pues, como también le sucedió con el violento segundo, pocas veces llevó toreadas con mando y asiento las buenas embestidas de ese cornipaso toro de Adolfo, que fue con diferencia el mejor de la corrida para la muleta.

A Alberto Aguilar, que cogía su segunda sustitución en la feria, le tocó en el sorteo el lote de mayores complicaciones. Y con ambos se movió el madrileño entre la decisión y las lógicas precauciones para finalmente no sacar nada en claro.

FERRERA: "HA SIDO MI TARDE COMPLETA EN LAS VENTAS"

Al terminar la corrida de hoy de la feria de San Isidro, en la que cortó una oreja tras un gran despliegue lidiador, Antonio Ferrera declaró a EFE que esta había sido la actuación "más importante" de toda su carrera en Las Ventas.

"Ha sido, al menos, la más redonda que he tenido en esta plaza, de esas en las que, aunque no salgas por la Puerta Grande, sientes como si lo hubieras hecho", explicó.

"La verdad es que el ganado me ha ayudado, pero yo también he estado muy metido en la corrida desde el primer capotazo y he disfrutado como nunca en Madrid", recalcó el diestro extremeño.

Javier Castaño, que fue atendido en la enfermería de un puntazo en un dedo de la mano derecha, consideraba que "dar una vuelta al ruedo en Madrid hace que se te olvide cualquier dolor. La pena es no haber estado bien con la espada, porque creo que, si no, le hubiera cortado al sexto una oreja de ley".

Por su parte, Alberto Aguilar, que se llevó el peor lote, aseguró que se iba al hotel "muy contrariado, porque mis toros han sido imposibles y me he quedado con las ganas de haber pegado quince o veinte muletazos".

"Aun así -finalizó Aguilar- creo que, después de mi paso por Madrid este año, con esas dos orejas que he cortado en las tardes anteriores, mi temporada debe aclararse en todos los sentidos".