Lujo a bordo

Jueves 7 (01.00 h.), en Treinta Minutos

06.07.2011 - 10:40 h
REDACCIÓN

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¿Quién no recuerda el célebre transatlántico The Pacific de la mítica serie de finales de los 70 “Vacaciones en el mar”? Treinta años después, su hermano mayor, el Ruby Princess, un gigantesco barco propiedad de la misma compañía marítima a la que pertenecía el “barco del amor”, surca el Mediterráneo desde Barcelona a Estambul, pasando por Italia y las islas griegas. Construido en 2008, el Ruby Princess es una auténtica ciudad flotante dedicada al lujo y al descanso: 19 cubiertas, 290 metros de eslora, 1301 camarotes y una velocidad punta de 23 nudos son cifras que describen de lo que es capaz este buque. Un equipo de Treinta Minutos ha embarcado durante cuatro días en el Ruby Princess para ser testigos de excepción de qué significa el lujo llevado a la máxima expresión: el barco del reportaje “Lujo a bordo” es una auténtica oda al trabajo en equipo de los 1200 tripulantes que, comandados por un Comodoro, atienden a los 2600 privilegiados pasajeros que embarcan para vivir la experiencia de su vida.

“Lujo a bordo” es un auténtico recorrido virtual dentro de todos y cada uno de los rincones del Ruby Princess: el puente de mando, la sala de máquinas, el casino, las salas de fiestas, las piscinas, los compartimentos de equipajes, las despensas, el área médica, las zonas de ocio, los restaurantes de lujo, las suites, las cocinas, las zonas reservadas a la tripulación…

Jordi Torné, responsable de Operación en Puerto de Princess Cruises, muestra antes de zarpar en el propio puerto de Barcelona cómo se hace el checking de los pasajeros al llegar al barco. Funciona igual que un hotel: la terminal se convierte en un gran vestíbulo donde se registran los pasajeros. Un equipo de 50 personas se encargan en distribuir a los 2300 pasajeros que llegan directamente desde el aeropuerto y les hacen entrega de la llave de cabina, que funciona igual quela llave de una habitación de hotel: inscripción, registro, pasaportes son parte de un proceso en el que, simultánea y paralelamente al embarque otro equipo ayuda al desembarque de otros tantos pasajeros que finalizan su viaje. En total, un movimiento de más de 10.000 maletas.

Ruby Princess carga en cada viaje 150 toneladas de comida. Aunque ese cargamento constituye casi la totalidad de los alimentos que se van a consumir durante el viaje, el buque adquiere productos autóctonos y frescos de todos y cada uno de los puertos internacionales donde hace escala. Dirk Brand, Director General del Hotel del Ruby Princess, explica cómo funciona el alojamiento. Según Brand, es lo más parecido a un hotel de Las Vegas: todos y cada uno de los pasajeros deben quedar contentos hasta en los mínimos detalles. En alta mar no se puede improvisar nada: todo ha de estar a punto antes de zarpar. Brand no explica que en este tipo de cruceros el idioma oficial es el inglés y es obligación de la tripulación comunicarse en este idioma siempre que se esté delante de los pasajeros.

Rafael Ocaña, asistente del Servicio de Alojamiento, realiza un exhaustivo recorrido por los camarotes. Hasta cinco veces al día entran los limpiadores en las cabinas para hacer limpieza. Cada visita, no obstante, debe buscar la máxima eficacia en orden y limpieza y, a lo largo de todo un día, la presencia de los limpiadores en la cabina no puede exceder de los 15-20 minutos. Ocaña muestra las zonas reservadas a la tripulación: el bar y la sala que se convierte en discoteca por la noche, la zona de fumadores, el gimnasio y la piscina. Excepto los oficiales, todos los tripulantes comparten habitación, de cuatro o de dos personas. En total, la tripulación está compuesta por integrantes de 47 nacionalidades.

El Comodoro Guiseppe Romano es el máximo responsable del barco. Treinta Minutos ha sido testigo de cómo dirige la salida de puerto desde el Puente de Mando, al zarpar de Montecarlo. Las salidas y entradas a puerto son las operaciones más complicadas y exigen que el capitán o el comodoro, capitán de capitanes, esté al mando. Realizada la maniobra, delega en el equipo y en los ordenadores de a bordo, que convierten la navegación en una travesía casi automática. El Ruby es un buque de última generación dotado de las más altas tecnologías en ingeniería naval; el comodoro explica el mecanismo por el cual es imposible marearse en el barco.

Manlio Cuzzoni, chef italiano, exhibe con orgullo la cocina más grande del barco: las cocinas en un barco como este son conocidas como “galleys”. En total, en el Ruby Princess hay 9 cocinas donde trabajan más de 300 personas. Además, el barco tiene distribuidos 285 camareros a lo largo y ancho de tres restaurantes: uno tradicional y dos que ofrecen lo que se denomina “any time dinning”: se puede comer a cualquier hora, de día o de noche, incluso de madrugada, a media tarde o al alba. Por último, visitamos el Sabatini, el más lujoso de los restaurantes, en el que el comensal debe abonar un recargo adicional al precio del pasaje. Durante la travesía se consumen 21 toneladas de comida y bebida; no hay productos precocinados. Todo el fresco, incluída la respostería que se elabora enteramente a bordo. Lisa Ball, Directora de Crucero, enseña todo lo relativo al entretenimiento: puede haber hasta seis ofertas distintas de ocio cada noche, simultáneamente: actuaciones con música en directo, cine en cubierta, teatro. El teatro tiene capacidad para 848 espectadores; sólo el escenario ocupa cinco pisos.

Massimiliano Imperiale, ingeniero, muestra la sala de control del barco y explica cómo funciona el sistema de potabilización del barco, así como el sistema de potabilización de agua y el sistema de eliminación de residuos, que son separados y quemados por la noche. Herman Van Rooyen, Director Médico, enseña el Centro Médico del barco, dotado de equipos de rayos X, UCI y un laboratorio para realizar todo tipo de analítica.