Gratitud, respeto y solemnidad en la despedida a Adolfo Suárez

El Rey dice sentir "una gran pena" tras rendir homenaje al expresidente

Le impone a título póstumo el Collar de la Orden de Carlos III

El Príncipe: a Suárez "hay que agradecerle todo"

El adiós a Suárez reúne a los expresidentes, fuerzas políticas y sociales

nacional

| 24.03.2014 - 08:36 h
REDACCIÓN

La gratitud, el respeto y el reconocimiento al legado de Adolfo Suárez han presidido su solemne despedida en el Congreso de los Diputados, donde desde el Rey hasta los compañeros del presidente durante la Transición y numerosas autoridades le han rendido un sentido homenaje.

"Una gran pena". Con esta frase ha resumido el Rey su pesar y el sentir general que se respiraba hoy en el Congreso, en cuyo Salón de Pasos Perdidos, una de sus estancias más emblemáticas, se ha instalado la capilla ardiente.

También el Príncipe de Asturias, que ha visitado con Doña Letizia la capilla ardiente, ha subrayado la tristeza que provoca la muerte de Suárez, a quien, ha dicho, "hay que agradecerle todo".

Con honores de Estado ha llegado esta mañana el féretro al Palacio de la Carrera de San Jerónimo, en medio de un profundo silencio sólo roto por los aplausos de los miles de ciudadanos que ya aguardaban para entrar.

Las principales autoridades del Estado, con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y los del Congreso, Senado, Tribunal Constitucional y Consejo General del Poder Judicial a la cabeza, han esperado en la escalinata de la Puerta de los Leones la llegada del expresidente.

Con ellos, los otros tres expresidentes -Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero-, los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y otras autoridades han aguardado la llegada del féretro de Suárez, que diez soldados del Regimiento Inmemorial del Ejército de Tierra han portado hasta el Salón de Pasos Perdidos.

Bajo el redoble de los tambores de la Guardia Real han entrado al Congreso los restos mortales del primer presidente de la democracia, cuyo féretro seguían, caminando, sus hijos y sus nietos.

El primogénito del expresidente, Adolfo Suárez Illana, portaba consigo el Toisón de Oro con el que el Rey distinguió a su padre, que se ha colocado a los pies féretro.

Y junto al Toisón ha colocado el Rey la última y póstuma condecoración a Suárez: el Collar de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Don Juan Carlos y Doña Sofía, así como la infanta Elena, han llegado al Congreso media hora después que el cortejo fúnebre, y han sido recibidos en el Patio de Floridablanca por Rajoy y las principales autoridades.

El Rey, con semblante muy serio, ha conversado unos segundos con Rajoy y ha posado junto a la Reina y la infanta con las autoridades antes de entrar en el Palacio.

Después, la capilla ardiente ha quedado abierta cuando, uno por uno, han ido entrado en fila y rindiendo homenaje con una inclinación de cabeza -y algunos santiguándose-, los tres expresidentes, los miembros del Gobierno, los presidentes del Congreso, el Senado, el TC y el CGPJ, Rajoy y su mujer, y ya finalmente los Reyes y su hija.

En primera fila y de riguroso luto, la familia de Suárez ha recibido el pésame y las muestras de cariño de los Reyes y después del resto de autoridades.

Numerosas coronas de flores de las principales instituciones del país rodeaban el Salón y llenaban también el vestíbulo de Isabel II, donde cuelga un retrato del propio Suárez junto al del último presidente de la II República, Manuel Azaña.

Especialmente emotiva ha sido la visita a la capilla ardiente de algunos de los que fueron ministros en los gobiernos de Suárez, como Landelino Lavilla y Federico Mayor Zaragoza, y los padres de la Constitución Miquel Roca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y José Pedro Pérez Llorca.

Todos ellos, así como la mayoría de los políticos que han hablado al salir de la capilla ardiente, han puesto en valor el legado de Suárez y han destacado su capacidad para fraguar consensos en el camino hacia la democracia.

"Las figuras históricas no desaparecen nunca", son "permanentes", ha subrayado, por ejemplo, Herrero de Miñón.

También ha sido sentida la visita de la viuda de Santiago Carrillo, Carmen Menéndez, y los tres hijos del histórico dirigente del PCE, el partido cuya legalización aprobó el Gobierno de Suárez.

No han faltado tampoco a esta despedida buena parte de los presidentes de gobiernos autonómicos, entre ellos el de la Generalitat, Artur Mas, así como los de Madrid, Extremadura, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Aragón.

Igualmente han acudido a la capilla ardiente el secretario general de UGT, Cándido Méndez, el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, el expresidente valenciano Francisco Camps, la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, y el expresidente del Senado José Federico de Carvajal, entre muchos otros.

Por la tarde, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha rezado un responso frente al féretro de Adolfo Suárez en presencia de su familia y las autoridades allí presentes.

Desde el mediodía, en que la capilla ardiente se ha abierto al público, siguen desfilando miles de personas por el Salón de Pasos Perdidos para dar también su despedida a Alfonso Suárez.

Mañana por la mañana se cerrará la capilla ardiente y se iniciarán las honras fúnebres: un piquete de honor portará el féretro de Suárez hasta el final de la escalinata de la Puerta de los Leones, donde Mariano Rajoy presidirá los honores militares con los sones del himno nacional.

Después, el féretro será depositado sobre un armón de artillería y, seguido a pie por la familia y las autoridades, será conducido hasta la plaza de Cánovas del Castillo. Tras una despedida del duelo con toque de oración, descarga de fusilería de la guardia de honor y desfile ante el féretro, éste será introducido en un furgón que le transportará hasta la Catedral de Ávila, donde los restos mortales del ex presidente Suárez recibirán sepultura.

Adolfo Suárez será enterrado a escasos diez metros de donde está sepultado quien fuera presidente del Gobierno en el exilio durante la II República Claudio Sánchez Albornoz.