El XVII Congreso del PP, el más tranquilo en sus 36 años de historia

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nacional

| 12.02.2012 - 17:36 h
REDACCIÓN

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El Congreso que el PP inicia el viernes en Sevilla será el más tranquilo en sus 36 años de historia, en la que ha celebrado otros dieciséis cónclaves, dos también en el Gobierno y sólo uno con una pugna de dos candidatos al liderazgo.

Los populares llegan a esta cita con su mayoría absoluta más holgada y gobernando trece comunidades autónomas y la mayoría de ciudades. Un dominio muy superior al de cualquier otro congreso.

El partido fundado por Manuel Fraga y que llegó al Gobierno por primera vez con José María Aznar, celebra ahora el tercer congreso con Mariano Rajoy como presidente y el primero con él como jefe del Ejecutivo.

Y aunque son estos tres nombres los que marcan la historia de su liderazgo, el PP ha tenido siete presidentes -Federico Silva Muñoz, Félix Pastor, Fraga, Gerardo Fernández Albor, Antonio Hernández Mancha, Aznar y Rajoy-.

Y ocho secretarios generales: Fraga, Jorge Verstrynge, Arturo García Tizón, Alberto Ruiz-Gallardón, Francisco Álvarez Cascos, Javier Arenas, Ángel Acebes y María Dolores de Cospedal, la única mujer y con reelección segura en Sevilla.

A 1977 se remonta el primer congreso de la entonces Alianza Popular, constituida como federación de partidos (siete) con Silva Muñoz como presidente y Fraga como secretario general.

Pese a colocarse como cuarta fuerza en las primeras elecciones, las tensiones internas provocaron la dimisión de sus dos primeros presidentes e impulsaron el liderazgo de Fraga, que asumió la presidencia en el segundo congreso con Verstrynge de número dos.

Ambos fueron reelegidos en los cuatro congresos siguientes, entre ellos el de 1982, el año del gran salto electoral de AP al pasar de 9 a 107 diputados y convertirse en la segunda fuerza política.

Pero la calma duró poco. Poco después del congreso de 1986 el partido concurre a las elecciones en la llamada Coalición Popular, junto al PDP de Oscar Alzaga y el Partido Liberal de José Antonio Segurado-, y pierde dos diputados.

Parte de la militancia responsabilizó a Fraga y a la derecha que representaba del llamado "techo electoral" y cuestionó su liderazgo; todo ello provocó la dimisión de Verstrynge en septiembre y la de Fraga en diciembre, sustituido por Fernández Albor.

Aquello obligó, en febrero de 1987, a convocar el VIII congreso, el primero y único con dos candidatos a la Presidencia: Miguel Herrero de Miñón y Antonio Hernández Mancha. Ganó el segundo.

Su liderazgo duró sólo dos años y fue un fracaso, porque en las siguientes citas electorales -municipales, autonómicas y europeas- el partido obtuvo resultados decepcionantes.

Llega entonces, en 1989, el congreso de la refundación, que supuso el regreso de Fraga y el surgimiento de otra figura clave, Aznar, nombrado vicepresidente mientras Francisco Álvarez Cascos ascendía a la Secretaría General.

Aquel fue el cónclave de la "esperanza", el del cambio de imagen, con la gaviota y el nuevo nombre, Partido Popular, para forjarse como alternativa al PSOE.

Para la historia quedará la imagen clave del décimo congreso (Sevilla, 1990): Fraga rompiendo ante el plenario una carta de dimisión sin fecha que su sucesor, Aznar, le había entregado.

"No hay tutelas ni hay tutías, ahí está el líder del partido, que sólo por esta carta merece serlo". Fraga daba así su sucesión por cerrada, con Aznar al frente de un partido que quería más que nunca mostrarse de centro y buscar la mayoría para gobernar.

Y "Partido de Gobierno" fue el lema del undécimo congreso, en 1993, aunque aquel año los populares se quedaron, por la mínima, aún en la oposición. Eso sí, salieron de aquel cónclave sin fisuras.

El lema "Gana el centro" auguraba, esta vez sí, la victoria en el congreso de 1996; y en 1999 Aznar volvió a ser reelegido y Arenas llegó a la Secretaría General.

La unidad fue el eje de las dos citas siguientes, y el camino a la sucesión de Aznar se abrió en el XIV congreso (enero de 2002), aunque no fue allí donde se decidió.

Hubo que esperar a agosto de 2003, cuando desveló que su sucesor sería Rajoy y la propuesta fue aprobada por la dirección del partido.

En octubre de 2004 Rajoy fue reelegido presidente a pesar de sufrir su primera derrota como candidato a la Presidencia del Gobierno.

Y en 2008, tras una nueva victoria socialista, el PP afrontó su segunda mayor crisis, la escenificada en el congreso de Valencia.

Rajoy veía amenazado su liderazgo, y tuvo que sortear los envites de Esperanza Aguirre, que sugería querer arrebatárselo. Además, sufrió otro revés: la marcha de María San Gil de la Presidencia del PP vasco.

Al final, la presidenta madrileña no dio el paso y Rajoy fue reelegido con el 84,84 por ciento de los votos -porcentaje elevado pero el menor conseguido por un presidente del partido-.

Amarguras que quedan ahora muy lejos, con un Rajoy más líder que nunca, arropado por un partido que ha conseguido la mayor cota de poder de su historia y que lo escenificará en Sevilla, donde también recordará a su recientemente fallecido fundador.