Benedicto XVI consagra la "Sagrada Familia", la catedral del siglo XXI

nacional

| 07.11.2010 - 13:19 h
REDACCIÓN

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El papa Benedicto XVI ha consagrado hoy el templo de la Sagrada Familia, de Barcelona, considerado la catedral del siglo XXI, al que ha elevado a la categoría de basílica, obra del arquitecto modernista Antoni Gaudí (1852-1926), cuyo proceso de beatificación está en curso.

La consagración, "dedicación a Dios", la ha efectuado durante la misa solemne que oficia en el templo, a la que asisten unas ocho mil personas en el interior, entre ellas los Reyes, y más de 50.000 en el exterior.

La dedicación del templo ha comenzado con la presentación al Pontífice del agua, tras lo cual el Papa ha dicho en castellano: "Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta santa iglesia de la Sagrada Familia, supliquémosle que bendiga esta agua, criatura suya, con la cual seremos rociados en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual se purificarán los muros y el nuevo altar".

Después el Papa ha rociado con agua bendita al pueblo y el altar, a la vez que seis sacerdotes han rociado con agua bendita los muros de la iglesia, mientras los presentes cantaron "Pueblo de bautizados".

Tras la liturgia de la palabra y la lectura del Evangelio, en esta ocasión de Lucas, y pronunciar la homilía, se procedió a la oración de dedicación y se cantaron las letanías de los santos.

A continuación, se ha procedido a la unción del altar y de los muros de la iglesia, tras lo cual, el Papa se ha desprendido de la casulla, se ha colocado un gremial y se ha acercado al altar, hablando en catalán: "Que el Señor santifique con su poder esta casa y este altar, que ungimos ejerciendo nuestro ministerio, para que manifiesten con un signo visible el misterio de Cristo y la Iglesia".

Después ha vertido el crisma (óleos sagrados) en el medio y en las cuatro esquinas del altar y ha ungido toda la mesa.

Paralelamente, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martinez Sistach, el cardenal cecretario de Estado, Tarcisio Bertone, y diez obispos han ungido los muros de la iglesia, signando las doce cruces distribuidas en la nave.

El ritual ha proseguido con la incensación del altar y de la iglesia. Sobre el altar se ha colocado un brasero con brasas encendidas para quemar incienso y el Papa ha echado incienso en el brasero, a la vez que ha pronunciado: "Que se eleve mi rezo, Señor, ante Ti, como el incienso y así como esta casa se llena de perfume agradable, también vuestra Iglesia exhale el buen olor de Cristo".

El Papa ha vuelto a su sillón, mientras seis diáconos recorrieron la nave incensando al pueblo de Dios y los muros de la iglesia.

Terminada la incesación, unas religiosas han secado la mesa del altar y han colocado un lienzo impermeable, tras lo cual han cubierto el altar con un mantel.

Después se ha procedido a la iluminación del altar y de la iglesia. Se han colocado los candelabros con los cirios y se ha adornado el altar con flores.

El Papa ha entregado una vela encendida a un diácono y ha dicho: "que brille en la Iglesia la luz de Cristo, para que todos sus pueblos alcancen la plenitud de la verdad".

Doce seminaristas han ayudado a iluminar la iglesia, ritual que subraya la presencia de Cristo, luz del mundo, en la asamblea, y también la luz que los fieles están llamados a irradiar, así como de la gloria luminosa del cielo.

El Papa ha recibido a continuación las ofrendas del pan y del vino para el sacrificio y luego se ha acercado al altar y lo ha besado, primer signo de veneración al altar recién dedicado a Dios. Después ha proseguido la misa.

Tras la comunión, el copón ha sido llevado de manera solemne hacia la capilla del Santísimo Sacramento, donde ha sido introducido. Con ese gesto ha quedado también inaugurada.

Concluida la misa, el arzobispo de Barcelona ha leído la Bula de Promulgación de la iglesia de la Sagrada Familia como basílica.

Se conoce como basílica a una iglesia importante por su antigüedad, extensión o magnificencia, en imitación de las trece iglesias de Roma, siete mayores y seis menores, que se consideran como las primeras de la cristiandad en categoría y que gozan de varios privilegios.