Los perros se estrenan como usuarios del Metro de Madrid

En el primer día en el que el Metro de Madrid ha abierto sus puertas a viajeros acompañados por su perro, pocos han sido los que han decidido poner en práctica la medida y la mayoría de los usuarios coincide en que si surge un problema no será por culpa del perro, sino del dueño que no se responsabilice.

Desde hoy, los canes pueden moverse bajo tierra, junto a sus portadores, siempre que lo hagan en el último vagón del tren, estén atados con una correa de una longitud no superior a 50 centímetros, utilicen bozal, estén correctamente identificados a través de un microchip y respeten la limitación horaria establecida.

EN EL ÚLTIMO VAGÓN

En el estreno de la iniciativa parece que pocos dueños conocen los requisitos que supone la medida aprobada por el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Así, algunos no han incluido el bozal y tampoco han hecho caso de la obligatoriedad de viajar en el último vagón.

En general, la mayoría de los dueños de canes se han mostrado muy satisfechos con esta posibilidad, pero los usuarios han echado en falta una campaña publicitaria que informara sobre las limitaciones de acceso.

A la mayoría de los viajeros menos amantes de las mascotas les parece bien que exista esta posibilidad en el Metro de Madrid, aunque creen que el buen funcionamiento dependerá de lo educado que esté el perro y sobre todo su dueño.

Creen muchos que hay que hay que darle un voto de confianza a la propuesta y piensan que no habrá problemas "si la gente es civilizada y recoge las deposiciones de sus mascotas".

Entre las limitaciones se encuentra la horaria que prohíbe a las mascotas utilizar el metro de lunes a viernes en horas punta. El acceso, en cambio, será libre los fines de semana, festivos y en los meses de julio y agosto.