Temple y trazos largos de Barrio, que suma cinco orejas

madrid

| 05.02.2011 - 18:15 h
REDACCIÓN

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El esperado mano a mano entre los dos novilleros de moda, Juan del Álamo y Víctor Barrio, hoy en Valdemorillo, quedó resuelto a favor del segundo por un abultado "marcador" de cinco orejas contra una.

FICHA DEL FESTEJO.- Un novillo para rejones de Mercedes Pérez Tabernero, blando y manejable; y en lidia ordinaria cinco de José Cruz, desiguales de presencia, nobles y de buen juego excepto el flojo primero; el tercero fue un sobrero de Tomás Entero, gordo, basto y sin clase.

El rejoneador Álvaro Montes: rejón, nuevo rejón caído, pinchazo y descabello (ovación).

Juan del Álamo: estocada trasera y caída (silencio); estocada enhebrada y estocada (silencio tras aviso); y estocada desprendida (oreja).

Víctor Barrio: pinchazo, casi entera desprendida y descabello (oreja tras aviso); pinchazo y estocada (dos orejas); y estocada (dos orejas).

En cuadrillas, saludó Miguel Martín en el segundo de lidia ordinaria.

La plaza tuvo casi tres cuartos de entrada.

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ROTUNDO BARRIO

Barrio ha tenido una tarde muy completa. Sobradísimo de todo. Valor y arrojo para regalar, expresiones de una excelente disposición para ir a todas, en largas cambiadas en el tercio, incluso a porta gayola, tampoco perdonó quites, y se quedó muy despacio en situaciones a veces de mucho compromiso.

La variedad fue también una constante, lo mismo en el capote que en el último tercio. El temple lo usó como arma infalible, más que para doblegar, para dar confianza y brío, afianzando las escasas fuerzas de algunos novillos, pues fue ésa la principal ausencia de la que en conjunto puede calificarse de buena novillada de José Cruz.

Barrio, triunfador a lo grande, puso también desbordado sentimiento en la interpretación. Magnífico su estilo. La despaciosidad que aumenta el carácter de lo bueno y lo clásico. El perfil de sus muletazos, limpios, firmes, y sobre todo muy sentidos. Desde la quietud y verticalidad que son dos constante en su forma de torear, trazó pases largos, muy largos, y lentísimos, de especial regusto.

Torero, por tanto, artista y dominador, valiente y de muchas más y muy buenas connotaciones. El hecho de cortar la primera oreja después de atacar tres veces con los aceros, y de llevarse doble trofeo en las otras dos ocasiones en una de las cuales hubo también pinchazo previo a la estocada, lo dice todo. Cinco orejas pedidas por mayoría, que paseó en aclamadas vueltas al ruedo.

Le tocó el mejor lote, hay que reconocer. Pero ahí es donde se ve si hay torero o no. Y vaya si lo hay. La temporada no ha hecho nada más que empezar, y menudo zambombazo a las mismas puertas de Madrid. El entusiasmo en el tendido por las faenas de Barrio fue inenarrable.

Con dos novillos que no dieron ninguna opción, los dos primeros de su lote, Del Álamo no pudo salir del atasco de lo imposible.

Más entonado y capaz con el buen quinto, sin embargo, aquí la gente estuvo algo fría e injusta con el salmantino, sin terminar de celebrar el buen porte de su toreo. También jugó a la contra el presidente, que se hizo el remolón para sacar el pañuelo de la primera oreja, dando tiempo así a que bajara el entusiasmo para la petición de un segundo trofeo.

Quede claro a pesar de la apoteosis del compañero, que Del Álamo no salió derrotado.

Y por delante, el rejoneador Álvaro Montes, que reaparecía después de casi un año fuera de los ruedos por un gravísimo percance que sufrió en Zaragoza. No tuvo enemigo propicio, pero se justificó. Lo importante ha sido volver