Los vecinos denuncian riñas, altercados y venta de droga en la calle Almansa

Sorprenden y graban a individuos con cuchillos en la mano paseando por la calle tan tranquilos

Los drogadictos se esconden en los portales y los vecinos están atemorizados y no salen de casa

Los fines de semana aumentan las broncas, disturbios y molestias que vecinos y comerciantes están hartos de denunciar

madrid

| 12.09.2016 - 16:29 h
REDACCIÓN

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La situación preocupa e inquieta a los vecinos. La convivencia es difícil en el barrio de Tetuán, sobre todo en la calle Almansa, donde se registran a diario altercados, persecuciones, riñas y venta y consumo de drogas. Un equipo de Telemadrid lo ha podido comprobar esta mañana, aunque ha sido necesaria la presencia de la Policía en la zona para poder trabajar.

Los vecinos denuncian que la situación se agrava por los okupas de una casa en su calle y han llegado a sorprender y grabar a individuos con cuchillos en la mano paseando por la calle tan tranquilos. Muchos están atemorizados y no se atreven a salir a la calle. La imagen más habitual en la calle de Almansa es ya la de grupos de jóvenes latinoamericanos y marroquíes recostados en las entradas de los portales, que compran o venden drogas y alcohol con música latina a todo volumen hasta que al rato se insultan y empujan entre gritos de sus acompañantes.

El problema es conocido por todos: vecinos, inmigrantes, el Ayuntamiento y Fuerzas de Seguridad, pero parece sin solución cercana. Es fin de semana y se reproducen las broncas, los disturbios y las molestias que vecinos y comerciantes están hartos de denunciar.

Tania, la joven dependienta dominicana de la tienda de discos, nos advertía: «Ese portal en el que viven muchos ecuatorianos es un desastre, toman desde el viernes y empiezan abrazándose hasta que el domingo siguen tomando, se terminan golpeando y tiene que venir la Policía». «El problema en estas calles es que al haber tantas ligas se hacen muchas broncas», explica.

Eduardo lo sabe bien. Hace tres años que se independizó de sus padres y se vino a vivir al número 15 de Almansa porque «es la calle más barata de la zona». No se arrepentiría de la decisión si no fuese porque «los fines de semana se ponen un montón de ecuatorianos o dominicanos en el 20 y beben hasta las trancas. Siempre terminan molestando hasta el punto de que he visto a algunas personas mayores que viven por aquí lanzarles cubos de agua y hasta con lejía». Eduardo no hace demasiada vida por la zona, llega a dormir pero cree que «en este barrio no hay convivencia, al contrario, esto va a peor. En una esquina, marroquíes; en la otra, colombianos; y en la de más allá, dominicanos, cada uno por su lado». El único consuelo -bromea- es que «van a su bola con la droga y el alcohol, pero al menos no te roban».

La Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos-Tetuán lleva años dialogando con el Ayuntamiento para buscar una salida a un problema que parece anquilosado. Sus protestas no son nuevas-dice Fernando García, que ha sido representante de la agrupación en los últimos años-, pero si hace falta las repetiremos hasta la saciedad para que nos den una solución. «El fin de semana es algo escandaloso. Hay de todo: ruidos, hasta las 4 o 5 de la mañana cantando, salen “mamados” y se enredan en peleas. Y, por si fuera poco, la droga al alcance de todos. No dejan vivir tranquila a la gente del barrio. Es un problema que para quien lo padece es insufrible». Los vecinos llevan casi cuatro años de reuniones con los responsables del Ayuntamiento. Los parches que se han planteado no han llegado a cuajar, por ello, el representante vecinal incide en la responsabilidad de la Junta de Distrito en el problema, a la que acusa de «dar licencias, en ocasiones, a chiringuitos que al final terminan vendiendo drogas y, en el día a día, mirar para otro lado».

La concejala de Tetuán, Dolores Navarro, reconoce la gravedad de la situación y esgrimió que desde la Junta, con las escasas competencias que tenemos, «hacemos un gran esfuerzo». «Conocemos el problema y por ello las tres calles conflictivas son punto prioritario para la Policía». «La situación se ha complicado por el volumen de concentración y la rapidez con la que ha crecido la población inmigrante en el barrio», afirma.