Los 'ocho de Airbus' niegan que se impidiese la entrada a los trabajadores

Un acusado dice que la policía miente sobre agresiones para justificar disparos

madrid

| 02.03.2016 - Actualizado: 11:38 h
REDACCIÓN

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Los sindicalistas conocidos como los ocho de Airbus han declarado ante la sala de lo penal número 1 de Getafe y han negado en todo momento que agredieran a los agentes de policía, se impidiese la entrada a los trabajadores a la fábrica o se diesen instrucciones para ello.

Los acusados han declarado ante el magistrado Abel Téllez acusados por delitos de atentado, lesiones y contra el derecho de los trabajadores, por los que la Fiscalía pide para cada uno de ellos penas de ocho años y tres meses de prisión, por los altercados producidos durante la huelga general de 2010.

En su declaración, Tomás García, quien fuera presidente del comité de empresa de Airbus en Getafe (Madrid) ha negado "rotundamente" que se impidiera la entrada de los trabajadores a la fábrica y ha explicado que "después del tumulto y los disparos", los policías "estaban muy inquietos", aunque ha asegurado desconocer lo que motivó los altercados.

Por su parte, Enrique Gil, que era miembro del comité de empresa, ha afirmado que jamás se dieron instrucciones para impedir la entrada a la fábrica y que aunque llevaba un megáfono "una huelga es casi un día de fiesta, no usamos el megáfono para dar consignas".

"Todo ocurrió muy rápido y la situación era muy confusa" en el momento de tumulto, ha dicho Gil, que ha negado todos los cargos y ha asegurado que no agredió "a ninguno de los agentes".

Otro de los acusados, Rodolfo Malo, ha explicado que no sabe cómo comenzaron los disturbios, ya que él estaba dentro de la fábrica en ese momento y posteriormente recibió un golpe durante la carga policial, por lo que estaba confuso y fue a recibir asistencia médica.

Jerónimo Martín, montador de aeronaves sin responsabilidad sindical en el momento de los hechos, ha indicado que vio el tumulto desde fuera y que se acercó a la puerta para ver qué pasaba, y quedó "en medio" de los trabajadores concentrados y los antidisturbios.

En aquel momento, Martín ha indicado que, en la parte interior de la puerta de la factoría, recibió "un palazo en la cabeza" por el cual quedó "medio inconsciente" y fue trasladado al botiquín de la empresa "sangrando como un gorrino" y por lo cual considera que fue identificado por la policía para ser posteriormente denunciado.

Respecto a si alguno de los concentrados llevaba barba, pues es uno de los detalles que los policías indican que caracterizaban a alguno de los agresores, ha indicado que era algo común puesto que es "un símbolo de la izquierda, hasta que ahora la han puesto de moda los hipsters".

Edgar Martín, trabajador sin representación sindical, ha manifestado que recibió golpes "en el hombro y la espalda", pero que no se planteó denunciar a la policía y que, pese a que no vio al autor de los golpes, el servicio médico de Airbus le aseguró que habían sido producidos por una porra.

Como Jerónimo Martín, ha indicado que había en la empresa diversos carteles con su fotografía por haberse presentado a las elecciones sindicales por Comisiones Obreras.

En la misma línea que sus compañeros ha respondido Armando Barco, trabajador de Airbus y sin responsabilidad sindical, que ha explicado que se fue a tomar un café y cuando volvió se encontró con el altercado que se desplazaba al interior de la factoría.

El juicio ha comenzado marcado por la presencia de representantes sindicales, como el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, y el de UGT, Cándido Méndez, así como varios líderes políticos y diputados, como el secretario de Organización del PSOE, César Luena; los dirigentes de Podemos Pablo Iglesias, Rafa Mayoral y Alberto Rodríguez, y el cordinador general de IU, Cayo Lara.

La jornada ha terminado con el interrogatorio de los ocho de Airbus, a quienes esperaban varios centenares de personas para mostrarles su apoyo, y continuará mañana con la declaración de los testigos pedidos por la Fiscalía, entre ellos varios de los agentes de policía que reconocieron a los acusados.