La Comunidad de Madrid alerta del riesgo de aludes en la Sierra de Madrid

madrid

| 18.03.2011 - 12:18 h
REDACCIÓN

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La Comunidad de Madrid ha alertado a través del servicio de Emergencias 112 del riesgo moderado de aludes en la Sierra de Madrid, en cotas superiores a los 2.100 metros y en laderas empinadas.

De este modo, el 112 ha enviado una comunicación a determinados ayuntamientos y organismo para que tomen las medidas oportunas ante la alerta de riesgo de aludes de nivel dos en una escala de cinco, que comienza ya y se prolongará hasta las 00.00 del día 20.

Los aludes suelen desencadenarse al superponerse capas de nieve en polvo sobre capas de nieve helada caída anteriormente. Antes de que ambas se fundan, la parte superficial no agarra en la capa inferior por lo que, ante cualquier movimiento, como puede ser viento o el propio factor humano, cae ladera abajo aumentando su volumen a medida que desciende.

Al elegir el sendero a tomar se deben elegir, preferentemente, las laderas con pendiente inferior a los 30 grados de inclinación y, por el contrario, evitar aquellas zonas con inclinaciones superiores. Son zonas casi seguras las zonas boscosas y absolutamente seguras las pistas de esquí de la sierra madrileña.

En caso de que se perciba un desprendimiento en alud, y se esté en su trayectoria, se debe intentar liberarse de los bastones o piolets, y escapar huyendo en diagonal, en sentido descendente y hacia el lateral más factible.

Si no se consigue salir a tiempo, el excursionista no debe dejar de andar siempre sobre la nieve que vaya cayendo con el fin de intentar mantenerse en la superficie de alud o, cuando menos, en la parte más alta posible.

Cuando el alud haya parado, en caso de quedar atrapados debemos movernos con energía, con movimientos similares a los de la natación, con el fin de crear alrededor de nuestro cuerpo un espacio para respirar.

Probablemente a estas alturas el excursionista ha podido perder la noción de la orientación. En tal caso, se debe escupir ya que la saliva le indicará la dirección en la que está el suelo. Una vez determinado este factor, se debe excavar, aunque fuera con las propias manos, en sentido contrario en busca de la superficie.