Cerca del 40% del suelo de España está en riesgo de desertificación

madrid

| 17.06.2016 - 14:23 h
REDACCIÓN

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El 37 por ciento del territorio de España está en riesgo de sufrir desertificación, según organización Reforesta que ha apelado a la importancia de prevenir incendios, uno de los factores clave que dañan los suelos.

Con motivo del Día Mundial de la lucha contra la Desertificación y la Sequía que se celebra este viernes 17 de junio, Reforesta ha lanzado la campaña 'Cerillas que salvan bosques. Enciende tu conciencia, evita los incendios forestales', que busca llamar la atención sobre la estrecha vinculación entre los incendios y la degradación del suelo, que es antesala de la desertificación.

La imagen de la campaña son cerillas donde el fósforo se sustituye por semillas de mostajo (Sorbus Latifolia), una especie autóctona que habita principalmente en el norte de la Península ibérica.

Las cerillas se repartirán en distintos lugares de la Sierra de Guadarrama, en las zonas colindantes al centro de visitantes del Parque Nacional en Cotos, en el área de las Presillas de Rascafría y en el Puerto de Canencia.

La iniciativa hace hincapié en la prevención debido a que un muy alto porcentaje de los incendios se debe a imprudencias humanas. Para el presidente de Reforesta, Miguel Angel Ortega, la prevención, en la educación y los cambios de hábitos son fundamentales y deberían ser "el motor" de la lucha contra los incendios forestales y la desertificación, aunque sin eliminar los recursos para extinción. A su juicio, se trata de buscar un "equilibrio que redundaría en beneficio de todos".

DATOS PREOCUPANTES

La asociación recuerda que la pérdida de cubierta forestal a causa de los incendios es una de las siete causas de la desertificación en España y llama a una actuación decidida para proteger los bosques y detener la degradación del suelo.

En concreto, subraya que tres cuartas partes de España son territorios áridos, semiáridos y subhúmedo o seco y el 13 por ciento de la superficie nacional está en riesgo de desertificación, según datos del Plan de Acción Nacional contra la Desertificación elaborado por el Gobierno en 2008. Las zonas con riesgo alto o muy alto se concentran en la mitad sur y en la zona mediterránea y en Canarias.

Además, en el arco mediterráneo, el aumento de la población y la actividad económica lo sitúan en situación vulnerable, mientras que el noroeste es la región más afectada por incendios y donde se puede acentuar más la desertificación a medio y largo plazo.

Por otro lado, Reforesta lamenta que el Estado gasta seis veces más en extinción que en campañas de prevención y recuerda que el 80 por ciento de los incendios forestales tienen al ser humano y su actividad como origen y un 30% de ellos se debe a descuidos (MAGRAMA).

La superficie quemada en España entre el año 2000 y 2015 es de 116.000 hectáreas quemadas, lo que equivale aproximadamente a Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, La Coruña, Bilbao y Granada juntos.

PELIGROS DEL FUEGO

En este contexto, Reforesta explica qué incendios reiterados en una misma zona pueden conducir a la desertificación porque se daña la materia orgánica y las propiedades físico-químicas del suelo, afecta a su capacidad para sustentar vida y, por tanto, vegetación, que es la que protege al suelo de la erosión producida por la lluvia y el viento.

Asimismo, el fuego deja al suelo a la intemperie y expuesto a la erosión del agua y el viento hasta que se regenera la vegetación y si esto tarda en producirse, la vegetación que se instalará tras el incendio será de menor porte (por ejemplo, arbustos en lugar de árboles, o herbáceas en lugar de arbustos), ya que el propio suelo perderá su capacidad de sustentar vegetación de más tamaño.

En consecuencia, si se suceden los incendios, el proceso puede conducir a tener suelos desnudos y biológica y económicamente improductivos. Del mismo modo, alerta de que la desertificación reduce la capacidad de producción del suelo y la disponibilidad de agua, pues el suelo no es capaz de filtrarla y esta se escurre, arrastrando consigo la tierra, que se acumula en los embalses, los cuales pierden también espacio para su almacenamiento.

Otras de las consecuencias de la desertificación son la pérdida de capacidad de filtración de agua de lluvia dificulta la recarga de los acuíferos subterráneos, aumenta la evaporación y altera el régimen hidrológico y provoca también un empobrecimiento de la biodiversidad y mayor sequedad ambiental.