'Buscavidas' madrileños en la Europa de los servicios y los "minijobs"

madrid

| 02.02.2013 - 12:27 h
REDACCIÓN

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La crisis se ha agudizado y el perfil del joven emigrante ya no se sitúa en una franja comprendida entre los 25 y 30 años ya que cada vez se aventuran a salir de España más personas, entre ellas, madrileños que superan la treintena y que aún se sienten capaces de afrontar una nueva vida lejos de sus hogares.

En muchas ocasiones los madrileños que deciden abandonar su ciudad en busca de una oportunidad en países europeos acaban ocupando puestos de trabajo para los que se requiere una menor cualificación que la que han obtenido con sus titulaciones, especializaciones o diplomaturas.

En sus testimonios coinciden en la sensación de soledad y aislamiento que produce el rehacer su vida en un país desconocido y una gran parte relata que ha tomado una decisión "forzosa" e "injusta" que les obliga a afrontar largos períodos de adaptación en los que se plantean, incluso, regresar pese a la "desesperada" situación económica que padecían.

Javier B., un padre madrileño de 37 años y licenciado en Periodismo, ha contado que tuvo que partir a Escocia hace diez meses tras encontrarse "entre la espada y la pared" y con escasos recursos económicos.

Desde 2010 solo encontró en Madrid trabajos eventuales con sueldos que apenas alcanzaban los 800 euros y cuando no pudo cobrar la prestación por desempleo y optó por solicitar la ayuda de los 400 euros, envió una veintena de currículos diarios.

Finalmente, obtuvo cinco ofertas en el extranjero, alguna de ellas en Londres -a donde pretendía ir inicialmente-, pero su situación económica no se lo permitió y decidió viajar a Escocia para reunir el dinero necesario para su manutención en otra ciudad.

Estuvo trabajando 40 días en Girvan (al noreste de Escocia) como camarero con una situación precaria y jornadas de 14 horas diarias, hasta que consiguió el dinero suficiente para desplazarse a Londres, donde desempeña actualmente el mismo trabajo y cobra una media de 2.200 euros mensuales.

"Oportunidades laborales hay, no en tu sector, pero las hay", ha admitido, tras quejarse de la "sensación de aislamiento", "soledad" e "impotencia" frente a determinadas situaciones que se suman a "la frustración" de no poder ver "los progresos" de su hijo (al que solo puede visitar en Madrid ocasionalmente) y de no compartir tiempo con su pareja, con la que mantiene una situación sentimental complicada debido a la distancia.

Pese a que lleva diez meses fuera de España, Javier ha dicho que no se adapta y que se siente como el inmigrante de Europa del Este que hace años venía a España a "buscarse la vida", pero insiste en que se mantendrá en Londres ya que su percepción de volver a España es bastante negativa.

Carmen R, ingeniera industrial madrileña de 33 años con una especialización, vive en Alemania desde hace 11 meses.

Ha narrado que, tras un par de años en paro, se sintió forzada a emigrar por un futuro que, si bien no es "todo lo prometedor que esperaba", al menos le permite "llegar a final de mes".

Se lamenta porque tuvo que dejar una larga relación de pareja y sus expectativas de ser madre por una decisión que derivó en "'minijobs' de categoría inferior a sus titulaciones" con los que no llega ni a los mil euros mensuales, lo que le obliga a recibir ayuda de sus padres desde España.

De todas formas, Carmen se muestra optimista porque cree que obtendrá "un mejor empleo en pocos meses" y considera que podrá rehacer su vida tras esfuerzos que "no serán en vano".

Otros, como Carlos G. y Rodrigo I., madrileños adentrados en la treintena, viajaron a Francia hace un par de años y allí mantienen su puesto de trabajo como dependientes en tiendas de moda pese a que uno es profesor y el otro es licenciado en Ciencias Medioambientales.

Javier, Carmen, Carlos y Rodrigo han ironizado sobre la percepción errónea que existe en España acerca del panorama laboral que se ofrece en otros países europeos.

Han explicado que, en reiteradas ocasiones, han conocido a españoles muy cualificados que desempeñan trabajos que no corresponden con su categoría profesional y han afirmado que los que encuentran puestos acordes son pocos.

Sus testimonios ponen de manifiesto que el mercado laboral europeo no siempre ofrece las oportunidades que los madrileños buscan y en numerosos casos las ofertas inmediatas les remiten a sectores como la hostelería, restauración, comercio o trabajos administrativos de categoría inferior que no se cubren.

Verse obligado a compartir vivienda en pisos patera con seis desconocidos, llegar a casa y encontrar a un compañero que es ingeniero con las manos en un bidón con hielo por la lesión que le ha producido el haber pasado todo el día sacando bandejas calientes de un horno o destinar parte de su sueldo a ayudar a la familia, son situaciones que ponen rostro a los dramas personales de muchos madrileños que deciden salir a buscar un futuro mejor. EFE