Así actúan las mafias de la mendicidad

Controlan a los mendigos que incluso fingen que necesitan muletas para caminar

madrid

| 12.12.2014 - 14:14 h
REDACCIÓN
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La Encuesta de Telemadrid

¿Para combatir la corrupción te muestras a favor de la eliminación de los billetes de 500 euros?
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Las mafias de la mendicidad en Madrid al descubierto. Telemadrid ha comprobado cómo actúan y cómo les explotan. A algunos incluso les obligan a pagar 45 euros al día por pedir. Y fijénse en lo que hacen para conseguir dinero, para dar pena.

Una mendiga con muleta pero que de repente, sin problema, sale corriendo cuando ve la cámara de Telemarid porque no está coja. En otros casos es mucho mas trágico: las mafias, casi siempre rumanas, llegan a mutilarles para conseguir más limosnas.

Y si son cojos o tienen algun defecto, el pago que deben hacer a las mafias es aún mayor. Otras veces explotan a niños. La policía calcula que el 90% de los rumanos que mendigan están controlados por las mafias.

El año pasado desarticularon una de las más importantes pero, van a ver cómo se han reorganizado. En las puertas de los supermercados, de las iglesias, en cualquier esquina entre cartones, pidiendo a los viandantes por las calles del centro y, por supuesto, en muchísimos semáforos.

Son mendigos rumanos, en su mayoría de etnia gitana. Piden para poder comer. Pero no lo hacen voluntariamente. El 90% de ellos son controlados por mafias que les obligan a mendigar en condiciones de semiesclavitud.

Una vez introducidos en España comienza su infierno. Ante esta situación, utilizan todo tipo de artimañas para darles a los mafiosos el dinero sufiente y evitar el castigo.

Así es habitual que simulen alguna minusvalía, como esta señora que al ver la cámara de Telemadrid, abandona su muleta y se marcha andando tranquilamente. Pero es el miedo, lo que les ata a la mafia.

Pero la crueldad de estos grupos llega a su extremo con los niños. No es mendicidad, es extorsión, amenazas, agresiones, abusos, lesiones e incluso homicidios. Urge tomar medidas. Pero de momento, seguirán pidiendo en condiciones infrahumanas, mientras sus jefes viven a lo grande en Rumanía.