Abrir Gran Vía al peatón debe prever el paso a los residentes, según los urbanistas

El Ayuntamiento de Madrid acometerá este año obras en la Gran Vía para que la calzada y las aceras queden al mismo nivel, con una "plataforma única", con lo que esta arteria quedará preparada para el cierre parcial al tráfico derivado de su inclusión en la gran área de prioridad residencial del Centro.

madrid

| 04.02.2017 - 15:30 h
REDACCIÓN

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El arquitecto y urbanista Ramón López de Lucio considera "lógico" limitar el tráfico de coches en el distrito Centro de Madrid, aunque considera que es importante "estudiar con detalle" cómo solucionar el paso de los residentes en las calles laterales y en las de detrás de la Gran Vía.

López de Lucio, director del equipo que ha redactado la nueva "Guía de Urbanismo y Diseño Urbano. Madrid, 1900-2010", editada por el Ayuntamiento, cree acertada la idea de que la Gran Vía deje de ser la conexión este-oeste de la ciudad teniendo en cuenta que esa opción ya está solucionada con las rondas, los puentes y las vías rápidas M-30, M-40, M-45 ó M-50.

En una entrevista con Efe, este excatedrático de Planeamiento Urbano en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid ha dicho que "nadie discute" que deban circular por la Gran Vía taxis, autobuses públicos y turísticos o bicicletas, aunque sí habría que suprimir el paso regular de coches y motocicletas.

El arquitecto, que considera la movilidad urbana en coche una "visión antigua", ha afirmado que "el coche es probablemente el mayor enemigo de la ciudad" y que "hasta los fabricantes de automóviles apuestan cada vez más por vehículos eléctricos pequeños no contaminantes".

Con respecto a la movilidad en bicicleta, López de Lucio dice que "Madrid sigue sin tener una auténtica red de carriles-bici", como sí los tienen Sevilla, San Sebastián, Vitoria o Barcelona, porque la anterior gobernante local, Ana Botella, "no se lo tomó en serio" y porque la actual alcaldesa, Manuela Carmena, "no se atreve por miedo al 'lobby' de los automovilistas".

Para este especialista, una solución a la presión que ejerce el tráfico rodado sobre las ciudades es el tipo de medida disuasoria que impone Londres, que "cobra unos doce euros (cada día) a quien quiere entrar en la ciudad con su coche particular".