Los tres montañeros fallecidos en Gredos procedían de Madrid

La montaña se ha cobrado durante el fin de semana la vida de cinco montañeros, cuatro hombres y una mujer, en la abulense Sierra de Gredos, cuya nieve acusó las altas temperaturas de los últimos días, dificultando la medidas de seguridad de quienes acudieron a escalar en este macizo.

En esta versión han coincidido los responsables del Grupo de Montaña en Intervención en Montaña de la Guardia Civil (Greim) de El Barco de Ávila, y los miembros del Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (Ereim) de la Guardia Civil de Arenas de San Pedro, ambos en la provincia abulense.

Estos últimos, que actúan en la vertiente sur de Gredos, intervinieron ayer en el rescate de los cuerpos de los tres fallecidos al sufrir una caída en la zona del Cuerno del Almanzor, en el municipio de Candeleda, a escasos metros de la cumbre más elevada del Sistema Central, con 2.592 metros.

Las identidades de los tres fallecidos, miembros del club de alpinismo Peñalara, han sido facilitadas esta mañana y corresponden a G.J.M.A., de 45 años y vecino de Boadilla del Monte (Madrid); J.C.V.C., de 55 años y vecino de Madrid, y de N.G.V.M.R., de 42 años y también de Madrid.

Por su parte, los efectivos del Greim, que intervienen en la vertiente norte de esta sierra, actuaron el sábado en el rescate de los cuerpos sin vida de L.G.G., de 41 años y vecino de Madrid, y de J.M.D.N., de 45 años y residente en Ávila, tras sufrir una caída en una vía de escalada denominada La Araña, en Zapardiel de la Ribera (Ávila).

Según ha explicado hoy a Efe el cabo responsable del Greim, Alejandro Vicario, actualmente existe "un montón de nieve" en Gredos que con las altas temperaturas de los últimos días "se ha fundido".

Esta circunstancia hace "más difícil" para los montañeros su seguridad, ya que al estar la nieve menos dura, pone "menos resistencia a una caída", siendo necesario "activar otros recursos".

"Es mas difícil asegurar la actividad en nieve blanda", ha insistido Vicario, responsable del Greim de El Barco de Ávila, integrado por nueve especialistas, algunos de los cuales tuvieron que intervenir en la evacuación de los dos montañeros que murieron el sábado en una vía conocida como La Araña.

Según ha relatado, en ese caso "saltaron los seguros en la nieve al estar blanda", produciéndose el fatal accidente, arrastrando uno de los montañeros a su compañero, lo que hizo que se precipitaran ambos desde una altura de 350 metros.

Desde su punto de vista, la técnica para subir -emplearon un punto de reunión- fue "la adecuada", pero que la nieve estuviera "más blanda" dificultó que las medidas de seguridad dieran los mismos frutos que cuando las bajas temperaturas endurecen el terreno.

Alejandro Vicario ha detallado que el lugar en el que se produjo el accidente tenía una inclinación media de unos 70 grados.

Según ha reconocido, los integrantes del Greim auguraban que este fin de semana "iba a pasar algo", porque se trataba del primero del año en el que no iba a haber temporal y se preveía la masiva afluencia de montañeros que finalmente se produjo.

Algunas zonas estaban "petadas", con muchos montañeros que parecían "puntos de hormigas", ha descrito gráficamente, después de señalar que tras tantos fines de semana de mal tiempo, los aficionados tenían ganas de salir a la montaña.

Por su parte, cabo primero, jefe del Ereim, Manuel González, ha vinculado el accidente mortal que sufrieron el domingo los tres montañeros madrileños con que "la nieve estaba fatal", ya que los crampones "no se clavaban bien" debido a que estaba excesivamente blanda en su parte superior por las temperaturas.

En este caso, el accidente se produjo de forma diferente al del sábado, ya que los tres montañeros estaban subiendo asegurados y andando "en diagonal" a escasos metros de la cumbre del Pico Almanzor -2.592 metros-.

Según sus cálculos, los tres montañeros accidentados se hallaban en el momento del accidente a unos 2.585 metros de altitud, aunque por el momento desconoce cuál de los fallecidos cayó y arrastró al resto por una pendiente de 450 metros.

En esa zona, la inclinación de la pendiente rondaba los 65 grados, según Manuel González, quien ha definido la peligrosidad de la operación, ya que en la zona "no dejaban de caer bolas de hielo". Ha señalado que se trataba de montañeros federados y con experiencia.