El cementerio de San Isidro descubre sus joyas culturales del XIX

Cementerio de San Isidro
Cementerio de San Isidro

Con el objetivo de combatir el "miedo" de la sociedad moderna a la muerte y los camposantos, el cementerio de San Isidro de Madrid propone "ponerse el sombrero del XIX" y conocer el arte, las costumbres, la forma de vida y a las celebridades de aquel siglo a través de visitas guiadas.

Una superviviente española del Titanic, el mausoleo conjunto de Goya, Meléndez Valdés, Donoso y Moratín con restos aún visibles de la balas de la Guerra Civil y auténticas joyas arquitectónicas conviven en el Cementerio Sacramental de San Isidro de Madrid, pionero en la ciudad en hacer visitas guiadas por su bicentenario recinto.

Ahora, coincidiendo con la celebración del Día de Todos los Santos, el camposanto se viste de gala y organiza a partir de hoy y hasta el 4 de noviembre visitas con un broche musical bajo el nombre adEternum, un paseo cultural en medio del conjunto de cipreses más antiguo de Europa.

"Hacemos las visitas con dos objetivos principales. Primero, para cambiar la percepción, el miedo, ponerse ese sombrero del XIX y ver arte e historia donde la hay. Y dos, sacar a la gente de los bahúles del olvido", explica en una visita con medios Ainara Ariztoy, guía cultural del Cementerio Sacramental de San Isidro.

Los cipreses bicentenarios y la quietud del camposanto, situado en una colina con vistas privilegiadas de todo Madrid, cobijan estas rutas temáticas que, a través del arte y de las historias de sus ilustres protagonistas, forman un mapa social y cultural del siglo XIX, uno en el que la muerte "no era un tema tabú".

"No tienen miedo a la muerte, porque la tienen muy presente. La edad media de fallecimiento de una persona puede rondar los 50 años. Nosotros lo vemos todo tan lejano. Le damos la espalda completamente a la muerte, es algo ridículo. Es lo único certero de la vida ”, apostilla Ariztoy.

En 2011 comenzó esta andadura de quitar el estigma de la necrópolis con visitas temáticas como la "Ruta de la Fornarina", bautizada en honor de la cupletista Consuelo Vello Cano, a quien se rescata del olvido y cuya sepultura, situada en el de la Purísima Concepción, se ha podido restaurar gracias a las donaciones de los visitantes.

"Lo que tiene de especial este patio son los panteones, porque hasta mitad del siglo XIX no se inventa el panteón, no existe el concepto de panteón. La gente de dinero se enterraba en nichos", explica Ariztoy sobre el cuarto patio del cementerio.

El lugar de reposo del gran músico pacense de origen francés, Cristóbal Oudrid; el panteón de Hombres Ilustres, donde estuvo enterrado Goya antes de su traslado a San Antonio de la Florida o el nicho del Doctor Velasco, fundador del Museo Nacional de Antropología y señalado en su época por "momificar" a su hija, son algunas de las paradas de esta ruta.

También son altos de obligado cumplimiento el panteón de María Luisa Santo Mata, el único panteón modernista de Madrid; el Cristo de Benlliure "fusilado" durante la Guerra Civil en el panteón de los duques de Denia o un impresionante ángel andrógino del escultor Monteverde en el panteón de los marqueses de la Gándara.

Ilustres moradores que comparten cobijo con Bröckmann, Moreno Nieto, Alonso Martínez, Amalia del Llano condesa de Vilches, Canalejas o Lasalle, cuyo panteón es el único masónico reconocido en el cementerio de San Isidro.

"Ruta Titanic", "Ruta Niño Jesús", "Ruta de Leonardo Torres Quevedo" completan la oferta cultural del cementerio, a las que se unen ahora las nuevas rutas de "La Argentinita" y de las lavanderas del río Manzanares, además de otras temáticas como la de San Valentín o la de "Mujeres del Siglo XIX" por el Día de la Mujer.

La Real y Pontificia Archicofradía de San Pedro, San Andrés y San Isidro constituyó el cementerio en el año 1811 tras la prohibición, por parte de Carlos III en 1787, de enterrar a los difuntos en el interior de las iglesias por razones sanitarias y de salubridad.

A lo largo de estos más de 200 años, el cementerio ha ido ampliándose utilizando los terrenos que tiene en la Archicofradía para seguir dando eterno descanso a 53.000 difuntos en sus 120.000 metros cuadrados distribuidos en 9 patios, por donde ya han pasado más de 3.000 visitantes desde 2011.