El Supremo revisa el caso de un hombre que lleva 20 años en coma tras una rinoplastia

El fiscal ha pedido hoy al Tribunal Supremo que admita una demanda de revisión para que se pueda celebrar un nuevo juicio sobre el caso de Antonio Meño, un hombre que entró en coma hace 21 años tras someterse a una operación de cirugía estética -una rinoplastia- en una clínica de Madrid que resultó absuelta. Meño ha sido llevado hoy en una camilla al Alto Tribunal, en medio de una gran expectación de medios de comunicación y de público, y ha asistido a la celebración de una vista durante unos veinte minutos hasta que ha sido trasladado a una sala contigua. Este caso se cerró después que un juzgado madrileño, la Audiencia Provincial de Madrid y el propio Supremo rechazaran las demandas de la familia al considerar que no existió negligencia médica y se ha visto hoy, de nuevo, debido a la aparición de un nuevo testigo: Ignacio Frade, quien ha asegurado en la vista que durante la operación el anestesista se ausentó y que no estaba presente cuando él mismo se percató de que se producía una alteración en la frecuencia del ritmo cardiaco de Meño. Frade ha insistido en que el paciente, que entonces contaba con 21 años, entró en coma porque durante la intervención se desconectó el tubo por donde respiraba.

La familia de Antonio Meño, en coma desde hace 22 años por una operación de nariz, confia en que el Tribunal Supremo anule la sentencia que les condenó a pagar 400.000 euros en costas y reabra la posibilidad de un nuevo juicio. Un nuevo testigo en la operación de Antonio Meño, quien se quedó en coma hace 21 años por una presunta negligencia médica durante una rinoplastia, ha manifestado ante la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo que el anestesista Francisco G. M. no comprobó que el tubo que le permitía respirar durante la intervención estética estaba desconectado, lo que provocó que sufriera "una apnea transitoria que le llevó a un daño cerebral".

El Alto Tribunal ha celebrado una audiencia tras admitir, a instancias de la Fiscalía del Supremo, un recurso de revisión de sentencia firme interpuesto por el abogado de la familia. Ahora, la Sala Primera de lo Civil del Supremo deberá decidir si revoca la sentencia, postura de la que está a favor la Fiscalía del Alto Tribunal.

La versión de este nuevo testigo, el Doctor Ignacio Frade, da un vuelco inesperado al caso. Frade, que en aquel momento era médico aprendiz, ha relatado que, cuando la operación estaba a punto de terminar, el chico sufrió una alteración del ritmo cardiaco. "El anestesista no estaba y se avisó a la enfermera auxiliar para que le llamara. A los minutos llegó. Le levantó los paños y comprobó que el tubo de anestesia a través del cual respiraba estaba desconectado. Dijo; `Dios mío, está desconectado!", ha recordado el testigo.

"No hubo ningún vómito. Jamás se salió el tubo de la traquea. Se produjo una desconexión de la parte exterior que le unía al respirador. No se le suministró oxígeno y sufrió una apnea transitoria que le llevó a un daño cerebral", ha precisado el médico especialista.

CONDENA A PAGAR LAS COSTAS

El recurso de revisión examinado impugnaba el fallo que condenó a los padres de Meño a pagar 400.000 euros por las costas procesales, así como al embargo de su casa. Al inicio de la vista, el representante del Ministerio Fiscal se ha mostrado partidario de tomar declaración a los testigos propuestos por el abogado Luis Bertelli, que defiende a los afectados.

Meño, entonces un estudiante de 18 años que quería ser abogado, quedó en coma vigil el 3 de julio de 1989. Su familia llevó el caso a los tribunales, siendo condenado el anestesista de la Clínica Nuestra Señora de América a indemnizar a los padres con un millón de euros. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Madrid anuló la sentencia y, por tanto, la indemnización fijada.

Debido a su actual estado, la víctima, de 42 años, ha presenciado los primeros minutos de la vista apostado en su cama y acompañado de sus familiares. No obstante, éstos se han visto obligados a sacarle de la Sala al interrumpir en varias ocasiones el desarrollo de la audiencia.

La versión del anestesista consiste en que Meño se atragantó tras ser operado y se le cayó el tubo de la anestesia de la tráquea, lo que provocó el vómito. Un testimonio que se desmontó el pasado febrero tras la aparición de un nuevo testigo: un médico aprendiz --el Doctor Frade--, recién licenciado de Medicina, que ese día presenció la operación como mero observador.

NUEVA VERSION DE LOS HECHOS

Durante veinte años, el Doctor Ignacio Frade tuvo el convencimiento de que el cirujano Miguel Ballester, su mentor ya fallecido, había sido absuelto, y el anestesista condenado, algo que este mismo siempre le había comentado. Pero el pasado febrero, se topó con la familia del afectado en la Plaza de Jacinto Benavente, donde acamparon durante cerca de 500 días pidiendo Justicia.

Juana, la madre de la víctima, le comentó que jamás habían sido indemnizados y que, incluso, estaban en la calle al haber una orden de embargo de su vivienda. "Me partió el corazón y me motivó a decir la verdad, lo que pasó. Es espeluznante que en pleno siglo XXI ocurran estas cosas. No estamos en Africa, estamos en España", ha espetado el médico, a escasos metros de Juana, emocionada ante su relato.

En su interrogatorio, el abogado de la clínica Nuestra Señora de América ha inquirido duramente al testigo acerca de por qué el cirujano no comprobó que el tubo estaba desconectado tras la arritmia detectada, a lo que éste ha respondido: "esa anomalía la tiene que comprobar el anestesista". "Jamás debió ausentarse del quirófano si es un buen profesional", ha replicado al abogado, lo que ha provocado que los familiares de Meño aplaudieran al testigo.

Por su parte, el anestesista ha asegurado que no tiene conocimiento de que en la sala de quirófano hubiera ningún aprendiz y que durante la operación no se desconectó el tubo. A preguntas sobre si se encontraba en dos intervenciones al mismo tiempo, ha respondido que "nunca" se hace eso durante una operación.

Asimismo, ha comparecido una mujer que estuvo presente el día de los hechos en el centro hospitalario. La testigo ha relatado que ese mismo día operaron a su hijo y cuando estaba en la sala de espera observó un revuelo. "Decían: `se han cargado a un chico!. Uno de 18 años como un castillo que ha entrado a pie y por culpa de la anestesia se lo han cargado", ha narrado.

"MUCHAS MENTIRAS, MUCHOS COBARDES"

Antes de que se iniciara la vista, la madre de la víctima ha asegurado que en el procedimiento ha habido "muchas mentiras, y muchos cobardes". "Mi hijo entró sano en el quirófano y me lo devolvieron así", ha manifestado Juana, quien ha calificado al nuevo testigo como "un valiente".

El abogado de la familia sostiene que los hechos judiciales de la sentencia del Supremo no se sustentan porque hay muchas irregularidades y contradicciones. La familia aspira a que el Supremo anule la sentencia y devuelva la instrucción para que se completa con la nueva prueba y se celebre un nuevo juicio.

Este caso fue una negligencia médica. Los padres de Antonio, dos sexagenarios de Móstoles, ya son mayores y no pueden atenderlo. Necesitan una indemnización económica para que alguien le siga cuidando cuando no estén", comentó hace unos días a Europa Press la compañera de Despacho de Bertelli.

UNA OPERACION ESTETICA

La historia de Antonio Meño empieza el 3 de julio de 1983, cuando este estudiante de Derecho de 20 años, se sometió a una operación estética de nariz en una clínica madrileña, que no resultaba ni siquiera necesaria. La intervención quirúrgica se realizó con anestesia general y duró, según el cirujano, entre 20 y 25 minutos. Sin embargo, el anestesista indicó más del doble, una hora. El resultado fue que del quirófano salió Antonio en coma vigil irreversible, con las funciones intelictivas y cognoscitivas completamente abolidas y dependiendo de los demás para poder realizar sus necesidades más elementales.

Sus padres denunciaron la situación ante el Juzgado de Instrucción n 19 de Madrid, que condenó al anestesista porque, según el relato de los hechos y las pruebas, cabía hablar de "una cierta imprudencia en la actitud" de este profesional, con lo que la familia podría cobrar la indemnización que permitía cubrir las atenciones que necesitaba Antonio.

Según recoge esta sentencia, el anestesista procedió a la extubación del paciente sin existir evidentes signos de que Antonio hubiera recuperado la respiración espontánea. A los cuatro o cinco segundos de haberle retirado el tubo le sobrevino un vómito y debido a su falta de reflejos por no haber recuperado la respiración, lo tragó, aspirándolo por vía aérea, y le causó un broncoespasmo que le dejó sin oxígeno.

Sin embargo, el anestesista recurrió en apelación su sentencia condenatoria y la sección séptima de la Audiencia Provincial de Madrid revocó la dictada en primera instancia, absolviéndole y dejando a la víctima sin la indemnización. Fue cuando a los padres de Antonio sólo les quedó la vía civil y acudieron al Tribunal Constitucional.