El Museo de Historia acoge una gran exposición sobre los 400 años de la Plaza Mayor

El Museo de Historia acoge una gran exposición sobre los 400 años de la Plaza Mayor

El Museo de Historia acoge una exposición con motivo del 400 aniversario de la Plaza Mayor, un recorrido por la historia de este enclave a través de los diferentes usos y configuraciones que la ciudad de Madrid le ha dado a la plaza en función de las necesidades y modas que se imponían en cada época histórica. 'Retrato y máscara de Madrid' es la primera gran exposición sobre la Plaza Mayor de Madrid, ha informado el Ayuntamiento de la capital. Con fondos aportados por numerosas instituciones como la Biblioteca Nacional, el Archivo Histórico Nacional o la Pinacoteca de Caserta, además de por los distintos fondos municipales, la muestra se podrá visitar hasta el próximo mes de noviembre.

El Museo de Historia de Madrid ha organizado una de las propuestas más relevantes del programa de actividades organizadas por el ayuntamiento con motivo del IV Centenario de la Plaza Mayor a través de esta exposición que cuenta como comisarios con el presidente de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando, Antonio Bonet, y con la catedrática de historia del arte, Beatriz Blasco.

El museo acogerá, en su sala de exposiciones temporales y en su patio de acogida, una exposición que a través de pinturas, dibujos, estampas, fotografías, postales, maquetas, abanicos, documentos, libros e infinidad de otros objetos originales mostrará la evolución de la Plaza Mayor de Madrid.

Un espacio urbano configurado por Juan Gómez de Mora, entre 1617 y 1622, que incluye un armonioso recinto rectangular encerrando un enorme vacío, escenario de multitud de festejos, populares y cortesanos, profanos y religiosos, que convivían con los usos tradicionales y cotidianos y que pronto se convertiría en prototipo de las Plazas Mayores españolas y de muchas ciudades que se erigían en las Américas.

SALA DE EXPOSICIONES

Entre las más de trescientas piezas que forman la exposición, hay que destacar las obras que posee el propio Museo de Historia de Madrid, como son las vistas más antiguas de la plaza con los cuadros de Juan de la Corte Fiesta en la plaza Mayor de Madrid, de 1630 o el anónimo Perspectiva de la plaza Mayor, de 1634 aproximadamente, junto a diversas estampas que representan un auto de fe o el incendio de 1790 además de las fotografías y postales que muestran la plaza ajardinada durante el siglo XIX.

Destacan de manera muy especial, la vista pintada por Antonio Joli hacia 1750 representado la plaza en día de mercado, cedida por la Pinacoteca de Caserta, los dibujos de Juan de Villanueva con los proyectos de reconstrucción de la plaza tras el incendio, provenientes de la Biblioteca Nacional, o una serie de esculturas taurinas del Museo de Valladolid junto a los dibujos de las Casas de la Panadería y Carnicería y las tarascas que ha aportado el Archivo de Villa.

El patio de acogida del Museo de Historia sigue un recorrido igualmente histórico y temático a través de reproducciones fotográficas de carteles, fotografías, impresos, fotogramas del NO-DO, además de una maqueta que muestra la plaza en los años 60 del siglo XX.

Paralelamente a la muestra se publicará un catálogo con textos de los comisarios y de los historiadores y conservadores Pedro Moleón, Jesús Escobar, Sofía Diéguez, Paulino Martín, Eduardo Alaminos y Angel Rodríguez Rebollo, donde se reproducen las piezas expuestas.

En él se relatan los inicios de la plaza, sus transformaciones a lo largo del tiempo, las Casas de la Panadería y Carnicería, los festejos y eventos realizados en ella a lo largo del tiempo, la creación de un espacio como lugar de encuentro de distintas clases sociales, los sucesivos cambios de imagen, incluso su representación en el arte.

CUATRO SIGLOS DE PLAZA MAYOR

En 1617, se aprobaba el proyecto de Juan Gómez de Mora para la nueva Plaza Mayor, edificada en apenas tres años sobre la vieja plaza del arrabal, a orillas de la calle Mayor y cerca del Alcázar Real. Sorprendió por su regularidad y armonía constructiva, la belleza de sus fachadas, la inusual altura de sus casas y la nueva forma de convivencia entre sus vecinos, mayoritariamente comerciantes con su tienda en la planta baja. Originalmente, estaba formada por bloques de edificios entre bocacalles abiertas y pronto se convertiría en prototipo de las Plazas Mayores españolas.

Se celebraron en ella fiestas, diversiones y ceremonias como canonizaciones, juegos de cañas, tauromaquias, autos de fe, desfiles, autos sacramentales y procesiones con sus tarascas. Para estos espectáculos se cerraban entonces las bocacalles con armaduras y tablados de madera, convirtiéndose el espacio en un magnífico teatro al aire libre, distribuyéndose los espectadores en los balcones de las viviendas y en las gradas provisionales conforme a un estricto protocolo en la asignación del lugar que cada uno ocupaba. Los reyes tenían reservado el balcón principal de la Casa de la Panadería.

En 1631, 1672 y 1790 fue devorada por las llamas, siendo el incendio del siglo XVIII el más devastador. Las llamas, avivadas por la madera, el yeso y otros materiales inflamables de los inmuebles, avanzaron desde el Portal de Paños hacia la calle de Toledo y las inmediaciones de la Casa de la Panadería, provocando grandes daños.

Juan de Villanueva fue el arquitecto encargado de reconstruirla y modernizarla siguiendo los modelos de las plazas francesas. La convirtió en plaza cerrada, al sustituir las bocacalles por arcos monumentales y simétricos y rebajó la altura total del inmueble, equiparando así las casas de la Panadería y la Carnicería.

Ya en la mitad del siglo XIX, la Plaza Mayor deja de ser un espacio regio gestionado por la monarquía y para ser gestionado por el Ayuntamiento. Los arquitectos municipales proyectaron un nuevo espacio en cuyo centro estaría la estatua ecuestre de Felipe III.

Una explanada central, transformada en rotonda, se convierte en estación terminal con la llegada y partida de diligencias, tranvías y autocares. Pero, a la vez, el protagonismo que fue adquiriendo la Puerta del Sol, hizo que la atención de la Plaza Mayor disminuyera y se viera obligada a reinventarse como lugar de paseo, jardín con bancos de madera, canapés con respaldo de hierro, estanques, farolas, árboles de variadas especies y arriates de flores y arbustos.

La Plaza Mayor aparece entonces como un icono emblemático de la ciudad, una "imagen de postal" y, mientras la fotografía difunde una imagen oficial de su arquitectura, la pintura y la ilustración gráfica crea una iconografía castiza de la plaza, especialmente durante la Navidad, cuando acoge a todas las clases sociales y "tipos" de Madrid. Ambas imágenes, creadas en el siglo XIX y consolidadas en el siglo XX, siguen vigentes hoy en día.

Con la apertura de la Gran Vía y la creación de la red de metro, la Plaza Mayor fue objeto de proyectos revitalizadores. El arquitecto Fernando García Mercadal inició, en febrero de 1936, las obras que pretendían devolver a la plaza su primitivo carácter, eliminando los jardines y configurándola como una lonja bien pavimentada.

Se procuró devolverla al aspecto que tuvo durante el reinado de los Austrias, pero esta nueva plaza imperial fue invadida por los automóviles hasta se construyó un aparcamiento subterráneo en 1968.