Desalojados y tapiados con ladrillos los edificios ocupados en Plaza España

Edificios ocupados
Edificios ocupados |Edificios ocupados

Tres edificios de oficinas de la madrileña plaza de España que estaban ocupados desde hace más de dos años por inmigrantes subsaharianos y cuyas azoteas eran escenario de "botellones" y fiestas desde este verano han sido finalmente desalojados y tapiados por iniciativa de sus propietarios.

Estos inmuebles, propiedad en tiempos de Telefónica y actualmente de una inmobiliaria que no ha podido hacer negocio con ellos en medio de la crisis que también ha vaciado el rascacielos del Edificio España en la misma plaza, carecen casi completamente de ventanas, están repletos de pintadas y, según testimonios recogidos por Efe, se encuentran destrozados por dentro.

Entre una veintena y cerca de 200 inmigrantes, según las fuentes consultadas, han vivido a diario en sus once plantas sobre rasante y tres de garaje desde hace más de dos años.

Sin embargo, en los últimos días sólo un puñado de subsaharianos han pernoctado apiñados en una entrada trasera a uno de los edificios, mientras que el resto de los antiguos ocupantes se ha dispersado por otros lugares de la ciudad.

Según han contado a Efe Michael, un inmigrante nigeriano, y vecinos del barrio que han pedido no ser identificados, el martes y el miércoles pasados varios operarios tapiaron las entradas con ladrillos de hormigón y colocaron cadenas con candados y soldaron las puertas.

Los ocupantes de los inmuebles salieron antes sin que fuera necesaria una intervención policial y fuentes del Ayuntamiento de Madrid han asegurado a Efe que el consistorio no ha intervenido en el desalojo.

BOTELLONES Y FIESTAS EN LA AZOTEA

Michael ha expresado su disgusto por el hecho de que la presencia de "muchos" jóvenes desde el anochecer hasta el amanecer los fines de semana haya acabado con su refugio.

Ha señalado que molestaban a los vecinos y a ellos mismos porque bebían mucho y ponían música durante toda la noche y ha advertido del peligro que suponía la caída de objetos desde la azotea a la calle.

Los testimonios de los vecinos, no corroborados por la policía, van más allá y hablan incluso de una víctima mortal por sobredosis, una joven, el pasado mes de septiembre.

También han indicado que ciudadanos de origen rumano se situaban en los accesos a los edificios para cobrar a los jóvenes que querían pasar la noche en las azoteas, entre uno y tres euros, han dicho, según las "pintas" de los chicos.

Muchas noches han visto desde la calle y las ventanas jóvenes parcialmente desnudos en "fiestas" montadas en las azoteas, que empezaban con el atardecer, del que tenían una vista privilegiada hacia el oeste de la ciudad, y continuaban hasta la mañana siguiente.

Las carreras y las sirenas de los coches policiales han sido habituales desde el verano y los bomberos se han presentado varias veces.

Una de las cosas que más temían los vecinos es que, con la llegada del invierno, los ocupantes y los asiduos del "botellón" encendiesen hogueras para calentarse que pudieran acabar en un incendio.