Los riesgos para la salud de las radiaciones nucleares

La explosión de la central de Chernobyl en Ucrania, un accidente nuclear de nivel 7 mostró la cruda realidad de los efectos en la salud que conlleva una sobreexposición a las radiaciones nucleares. Los bomberos que acudieron a sofocar las llamas fallecieron por un síndrome agudo de irradiación. Pero hasta llegar hasta ese extremo existen otros muchos estadios que provocan trastornos en el organismo.

El primer efecto que se produce es un síndrome hematológico que se traduce en daños en la médula ósea. Dejan de producirse hematíes y posteriormente todo tipo de células, incluidas las que nos defienden de infecciones.

Si la radiación aumenta se produce el síndrome gastrointestinal en el que desaparecen células intestinales y otras membranas que acaban ocasionando vómitos, diarreas y deshidratación.

A más radiación se producen fallos en el sistema nervioso central, que puede desembocar en un edema cerebral y en la muerte.

Todo esto surge a partir de unos niveles de radiación a partir de los cuales se supone que el ser humano comienza a tener trastornos. Está fijado en un sievert, unidad de medida de exposición a radiaciones ionizantes y que equivale a un millón de microsieverts.

En Japón se están registrando radiaciones de entre 1000 y 10.000 microsieverts, es decir en una proporción muy inferior a la considerada peligrosa, pero superior a las recomendables en buena parte del mundo : 1000 microsieverts.

El responsable del centro de radiopatología y radiprotección del hospital Gregorio Marañón , Rafael Herranz Crespo, asegura que las radiaciones detectadas hasta el momento en Japón son equiparables a las que se somete un individuo cuando se le practica una radiografía de tórax.

Japón ha procedido a evacuar a la población que hay en un radio de 20 kilómetros en torno a la central de Fukushima y ha adoptado tambien medidas de prevención para evitar la contaminación por sustancias contaminantes.

Ahora el riesgo es que el cesio irradiado se fije en los huesos y provoque una especie de osteoporosis o que el iodo radiactivo alimente a la glándula tiroides. Para evitar esto último se administra a la población pastillas de iodo hasta que el tiroides deje de necesitarlo y se bloquee. Se conseguirá así que no se almacene el iodo contaminado.

Con esta medida también se prevendrá ante los posibles efectos que pueda acarrear el hecho de que las sustancias contaminantes acaben cayendo al mar o al suelo y formar parte de la cadena alimenticia