Un 'califato' de terror y opresión bajo el yugo del yihadista Estado Islámico

internacional

| 29.06.2015 - Actualizado: 16:05 h
REDACCIÓN

El grupo terrorista Estado Islámico (EI) impuso hace un año la opresión y la tiranía desde Alepo, norte de Siria, hasta Diyala, este de Irak, bajo lo que denominó califato y donde su represión acabó con la vida de más de 12.000 personas. En vísperas de su primer aniversario, el 26 de junio se atribuyó el atentado perpetrado ese día contra una mezquita chií en Kuwait que causó al menos 27 muertos en pleno ramadán.

Ese mismo día, un grupo terrorista cercano ideológicamente responsabilizó en Túnez de un ataque contra dos hoteles en el que murieron 37 turistas, y en Francia, un hombre apareció decapitado tras una ataque a una fábrica de Lyon.

La organización, que en sus orígenes juró lealtad a Al Qaeda para combatir en Irak, aprovechó el conflicto civil en Siria y se constituyó como grupo que atrae a sus propios yihadistas de todos los países del mundo y declaró la guerra para ampliar su tan deseado "califato" conquistando territorios en Oriente Medio.

Los yihadistas establecieron la capital iraquí de su "califato" en Mosul, capital de Nínive, mientras que en Siria establecieron su principal bastión en Al Raqa, norte del país, tras arrebatársela al Frente al Nusra (filial de Al Qaeda) y otras facciones islamistas.

A pesar de que a lo largo de este último año muchos grupos radicales de diferentes partes de África y Asia juraron lealtad al Estado Islámico, los extremistas del también conocido en árabe como "Daesh" mantienen dos grandes frentes abiertos.

En Siria, estos extremistas combaten contra las tropas de Bachar al Asad, grupos rebeldes de tendencia islamista, el Frente al Nusra o las milicias kurdo turcas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) o las Unidades de Protección del Pueblo kurdo sirio (YPG), quienes en ocasiones luchan en un frente común contra el EI.

Estos radicales dominan actualmente 95.000 kilómetros cuadrados de las provincias de Homs, Al Raqa, Deir al Zur, Al Hasaka, Hama, Alepo, Damasco y Rif Damasco; mientras que se ha constatado su presencia en Deraa y Sueida, detalló el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Una de sus últimas conquistas en territorio sirio ha sido la emblemática y monumental ciudad de Palmira, donde, además de instalar la opresión entre los civiles, están destruyendo templos grecorromanos y el patrimonio de la humanidad que acoge ese lugar.

Mientras, en Irak, los yihadistas luchan contra grupos tribales, las milicias chiíes, o las fuerzas gubernamentales y las fuerzas kurdas "peshmerga", quienes a su vez están apoyados por la aviación de la coalición internacional, liderada por EEUU.

El norte de Irak ha sido su principal bastión desde que dominó Mosul el 10 de junio del pasado año y entró en Tikrit, capital de Saladino, un día después. No obstante, también mantiene en jaque a las fuerzas iraquíes en la provincia occidental de Al Anbar, donde en mayo se hizo con el control de su capital, Ramadi.

La crueldad de los yihadistas se vio reflejada, por ejemplo, en su ofensiva contra la localidad de Sinyar y alrededores, donde desencadenó una grave crisis humanitaria entre los civiles tras la huida de más de 120.000 kurdos yazidíes y cristianos. Otros miles quedaron atrapados en las montañas donde murieron de sed y hambre.

Según Washington, el EI ha perdido el control de entre 13.000 y 17.000 kilómetros cuadrados de terreno desde que instauró el califato. Las imágenes de sus métodos represivos han dado la vuelta al mundo. Asesinaron y grabaron en vídeo fusilamientos, decapitaciones, degollamientos y lapidaciones, así como la quema de sus víctimas o su lanzamiento desde azoteas de altos edificios.

El grupo tiene entre sus principales vías de financiación: el dinero obtenido por los secuestros, la venta del petróleo de las zonas capturadas en Irak, la extorsión y el saqueo de museos y lugares arqueológicos.