Sarkozy remodela el Gobierno para afrontar los cambios en el mundo árabe

internacional

| 28.02.2011 - 08:55 h
REDACCIÓN
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El presidente francés, Nicolas Sarkozy, realizó hoy una remodelación ministerial que afectó a las carteras de Exteriores, Defensa e Interior con el objetivo de reforzar el Ejecutivo ante los cambios que vive el mundo árabe.

Esta modificación, la segunda en los últimos cinco meses, se produce horas después de que la titular de Exteriores, Michèle Alliot-Marie, dimitiera tras la polémica originada por su actuación ante la revuelta tunecina y por unas controvertidas vacaciones pasadas en ese país cuando ya habían comenzado las protestas. La prensa nacional considera que al aceptar la renuncia de la ministra y aprovecharla para llevar a cabo nuevos cambios, el presidente ha querido "maquillar" la salida forzada de Alliot-Marie y acallar las críticas que han arreciado en las últimas semanas en contra de la diplomacia gala.

ALAIN JUPPÉ

El presidente nombró en su lugar al hasta ahora ministro de Defensa, Alain Juppé, cuyo puesto queda a su vez en manos de Gérard Longuet, líder de la Unión por un Movimiento Popular, el partido de Sarkozy, en el Senado. Por su parte, el Ministerio del Interior, ocupado hasta ahora por Brice Hortefeux, fue adjudicado al que fuera secretario general de la Presidencia, Claude Guéant.

Sarkozy explicó en un discurso difundido por radio y televisión que su objetivo es "proteger a los franceses" y reorganizar el Ejecutivo para que el país esté mejor preparado ante las consecuencias de las revueltas en los países árabes, que a su juicio "son imprevisibles"."Esas revoluciones abren una nueva era en nuestras relaciones con esos países. (...) Constituyen un cambio histórico y no debemos tenerle miedo. Traen consigo una oportunidad formidable, porque se han realizado en nombre de valores que también son los nuestros, los de los derechos humanos y la democracia", dijo en su alocución.

En apenas siete minutos de comparecencia, Sarkozy reconoció que "todos los Estados occidentales y todos los gobiernos franceses que se han sucedido han mantenido relaciones con esos regímenes pese a su carácter autoritario, porque se mostraban como barreras contra el extremismo religioso, el fundamentalismo y el terrorismo". 14 meses de las elecciones presidenciales galas y en plena presidencia francesa del G20 y del G8, Sarkozy quiso retomar las riendas de la política exterior de su país, vapuleada tanto por la oposición como por miembros de la mayoría gubernamental, que la han llegado a calificar de "amateur".

"El primer problema es coyuntural. Reconozcamos que si nuestra ministra no hubiera propuesto al expresidente Zine el Abidin Ben Alí la cooperación policial de Francia ni pasado sus vacaciones en un Túnez en plena revolución nuestra diplomacia no conocería la actual lluvia de críticas", declaró hoy un grupo de diplomáticos de manera anónima.

En su alegato en el diario "Libération", sostuvieron que hay también una carencia estructural, al constatar "una vez más que el país experimenta grandes dificultades para integrar en su política exterior la defensa de la democracia, el apoyo a los disidentes y la transformación de los regímenes".

En ese sentido, Sarkozy apuntó que los países occidentales no tienen ahora "más que un único objetivo: acompañar, apoyar y ayudar a los pueblos que han elegido ser libres"."El destino de esos movimientos todavía es incierto. Si no nos unimos, todas las buenas voluntades para hacerles triunfar pueden caer en la violencia y desembocar en peores dictaduras que las precedentes. Sabemos las consecuencias de tales tragedias sobre flujos migratorios incontrolables y sobre el terrorismo", subrayó.

Por ello, instó al resto de países a "estar a la altura de las circunstancias" y pidió, en primer lugar, una reunión del Consejo Europeo para abordar una estrategia común ante la crisis Libia. Además, abogó por "refundar" la Unión por el Mediterráneo para permitir por fin "a todos los pueblos" de ambas riberas alcanzar "un destino común".

Con esta aparición ante los franceses, Sarkozy busca asimismo relanzar su papel como jefe de Estado en un momento en que su popularidad alcanza mínimos históricos, y cierra un fin de semana marcado por el rumor sobre la "inminente" dimisión de Alliot-Marie y la incertidumbre sobre los cambios que su marcha conllevaría.