Portugal celebra 104 años de República en alerta por el descontento popular

La factura de la suerte en Portugal

internacional

| 05.10.2014 - 19:36 h
REDACCIÓN

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La creciente desconfianza de los portugueses hacia las instituciones democráticas marcó este año la celebración del 104 aniversario de la instauración de la República, cuyos actos oficiales contaron con menos público de lo habitual y evidenciaron la profunda división política que vive el país.

En contraste con los últimos años, los discursos de las autoridades no estuvieron esta vez protagonizados por la crisis económica o el programa de ajustes y recortes aplicado en Portugal, sino por la crisis del sistema partidario y el progresivo alejamiento ciudadano de las instituciones democráticas.

El encargado de colocar en el centro de atención este problema fue la mayor autoridad del Estado, el presidente Aníbal Cavaco Silva, que esgrimió estadísticas europeas para justificar su posición y alertó de los riesgos que corre el país si nada cambia.

A Cavaco Silva, que fue primer ministro entre 1985 y 1995 y es presidente desde 2006, le llovieron los reproches de los partidos de la oposición de izquierdas, que echaron de menos una mayor autocrítica del líder conservador.

Los actos para conmemorar el fin de la monarquía de 1910 se celebraron en el Ayuntamiento de Lisboa, en cuyo interior el jefe del Estado luso alertaba del creciente descontento popular mientras en el exterior apenas había unas decenas de personas congregadas.

"A 2014 llegamos en un momento crucial y decisivo para nuestra República, cuando todavía se sienten los efectos de una de las más graves crisis de las últimas décadas (...) Es urgente una reflexión seria sobre la política en Portugal", reclamó Cavaco Silva.

El presidente recordó que Portugal está entre los países europeos con mayores niveles de insatisfacción con el régimen existente, y destacó que el 89 % de los encuestados por el Eurobarómetro declararon no confiar en los partidos y el 73 % aseguró sentirse "insatisfecho" por el modo en que funciona la democracia en su país.

"Sólo en cinco de los 28 estados miembros de la UE hay un mayor grado de insatisfacción", argumentó Cavaco Silva, quien incidió en que los ciudadanos lusos "no están descontentos ni con la democracia ni con la República, sino con la forma en que las instituciones democráticas han funcionado", lo que se refleja en las elevadas tasas de abstención en recientes elecciones.

El presidente habló de una "cultura de compromiso" que lleve a los políticos a evitar "una práctica constante en las últimas décadas al hacer promesas irreales con el objetivo de lograr el voto", convertida ya en "un factor que explica el aumento de la desconfianza" ciudadana.

"Manteniéndose la tendencia de los partidos a rechazar una cultura de compromiso no se puede excluir un aumento de la abstención hasta niveles insoportables o la implosión del sistema partidario portugués tal y como lo conocemos", advirtió Cavaco, quien fue presidente de los socialdemócratas lusos, actualmente en el Gobierno.

Precisamente el actual líder de ese mismo partido y a la vez primer ministro, Pedro Passos Coelho, calificó de "útil" y "apropiado" el apelo a los compromisos realizado por el jefe de Estado.

"Las diferencias entre partidos, sindicatos y sociedad civil no son un obstáculo si sabemos identificar las cuestiones que nos unen como país y tenemos ese espíritu para trabajar en ellas", argumentó.

Por su parte, el alcalde de Lisboa y actual líder "de facto" del Partido Socialista, António Costa, intervino también en los actos oficiales de conmemoración y reivindicó la restauración del 5 de octubre como festivo después de dos años sin esa consideración en el calendario como parte del programa de ajustes aplicado en Portugal para combatir la crisis.

Desde esa misma formación, más crítico se mostró su portavoz en el Parlamento, António Ferro Rodrigues, quien lamentó que Cavaco Silva lance advertencias a los partidos cuando acumula casi dos décadas en los cargos de mayor responsabilidad política del país sin hacer "autocrítica".

El Partido Comunista vinculó el descontento popular a las políticas de austeridad aprobadas por el actual Gobierno, que en su opinión sólo sigue en funciones "gracias a la cobertura del presidente", mientras que los marxistas hicieron hincapié en que si alguien contribuyó a esta desconfianza por incumplir sus promesas electorales fue el actual primer ministro, Passos Coelho.