Los emperadores del Japón acompañan a los Reyes de España en su visita a Shizuoka

Visitaron el Centro de Prevención de Desastres

internacional

| 07.04.2017 - 11:41 h
REDACCIÓN

El Rey Felipe VI y la Reina Letizia llegaron acompañados por los emperadores Akihito y Michiko acudieron a la ciudad de Shizuoka, donde acudieron desde Tokio en un tren de alta velocidad Shinkansen para cumplir con el programa de la última jornada de su visita de Estado a Japón.

El gobernador de la provincia de Shizuoka, Heita Kawakatsu, y el alcalde Nobuhiro Tanabe, junto a otras autoridades, recibieron a los dos monarcas y sus esposas en el vestíbulo de la estación ferroviaria, donde aguardaban a los emperadores y los Reyes con las cámaras de sus móviles preparadas casi tres centenares de vecinos de esta populosa ciudad, unos 170 kilómetros al suroeste de Tokio.

Bajo una intensa lluvia, los cuatro se trasladaron a continuación al Centro de Prevención de Desastres para conocer la cotidiana labor educativa y de concienciación con la que se prepara la capacidad de respuesta de la población ante el riesgo de terremotos y tsunamis. Allí comprobarán las consecuencias de los movimientos sísmicos a través de maquetas mecanizadas que reproducen a pequeña escala los efectos de un maremoto sobre la costa y de un terremoto sobre un edificio y también con un asiento diseñado para simular los temblores y sacudidas propias de seísmos de intensidad 6 y 7 en la escala de Richter.

Más tarde, los Reyes y los emperadores almorzarán en el complejo de Fugetsuro tras contemplar el reloj con que el rey español Felipe III obsequió a las autoridades japonesas en 1611 a Ieyasu Tokugawa, caudillo militar considerado el unificador de Japón, en agradecimiento por el rescate de la tripulación del galeón San Francisco, que naufragó frente a la zona oriental del país en 1609.

Por último, visitaron el complejo sintoísta de Sengen, formado por 26 templos de madera que fueron reconstruidos en el siglo XIX y reciben la consideración de bienes de interés cultural, en cuyo patio principal los Reyes presenciaron un espectáculo de música y danza tradicional japonesa antes de dirigirse al aeropuerto Monte Fuji para emprender su regreso a España.

La provincia de Shizuoka, nombre que significa "colinas tranquilas", es uno de los enclaves de turismo rural y de naturaleza más visitado por los turistas japoneses, ya que en su territorio se eleva el Monte Fuji, máximo símbolo del país, y también cuenta con un notable patrimonio histórico-artístico.

La ciudad de Shizuoka se ha ofrecido a federaciones deportivas española como anfitriona para que los equipos olímpicos de España en baloncesto, gimnasia, atletismo y bádminton entrenen en sus instalaciones como preparación para las competiciones de los Juegos de Tokio en 2020.

EL RELOJ DE IEYASU

Existe un emblemático reloj español que cautivó hace más de 400 años a uno de los señores feudales más poderosos de Japón. Este símbolo de la amistad entre los dos países ha protagonizado hoy la última jornada de la visita del rey Felipe VI y la reina Letizia al país asiático.

Custodiado habitualmente en el santuario sintoísta Kunozan, entre el verdor de la cima del monte Kuno en Shizuoka (unos 170 kilómetros al sudoeste de Tokio), el reloj ha sido desplazado al complejo Fugetsuro con ocasión de la visita de los reyes, quienes lo admiraron en compañía de los emperadores de Japón, Akihito y Michiko. Ha sido un monje superior del santuario Kunozan, Hidekuni Ochiai, el encargado de mostrar a los monarcas el reloj de mesa de unos 20 centímetros de altura, que ha calificado de "símbolo de la amistad entre España y Japón".

La pieza de cobre, que el emperador Akihito ha observado con mucho detenimiento, fue un regalo de Felipe III a Ieyasu Tokugawa, considerado el unificador de Japón y el primer "shogun", la dinastía de caudillos militares que dominaron el país entre 1603 y 1868.El reloj fue uno de los presentes con los que el monarca español agasajó a Tokugawa en agradecimiento por la ayuda prestada en el rescate de la tripulación del galeón español San Francisco, que naufragó el 30 de septiembre de 1609 frente a las costas de Onjuku (unos 75 kilómetros al sudeste de Tokio) tras ser azotado por un tifón.

La tormenta acabó con 56 de los 373 tripulantes que capitaneados por el que fuera gobernador de Filipinas, Rodrigo de Vivero, partieron de Manila hacia Acapulco (México). La actuación de los habitantes de Onjuku, entonces una aldea de 300 residentes llamada Iwawada, salvó cientos de vidas.

Conmovido por el relato, en 1611 Felipe III entregó el pequeño reloj junto a otros regalos a Tokugawa, a través de una misión encabezada por Sebastián Vizcaíno, el primer embajador español en Japón. Designado por el Gobierno nipón como bien de interés cultural, el denominado "Reloj Occidental de Ieyasu" se guarda en Kunozan, uno de los santuarios Toshogu consagrados a la figura de Ieyasu y donde reposan sus restos.

El de Ieyasu es el reloj mecánico más antiguo que se conserva en el país asiático y se cree que fue fabricado en 1581 para Felipe II. Obra del relojero flamenco Hans de Evalo (1530/35-1598), el reloj conserva casi todas las piezas originales del siglo XVI y su autoría ha sido puesta en duda por varios estudios.

En 2012, el conservador del Museo Británico David Thompson hizo una investigación en la que desveló la existencia de una segunda firma: Nicolaus de Troestenberch, hecho en 1573 en Bruselas.