La disidencia cubana denuncia detenciones y clima represivo en el aniversario de Zapata

internacional

| 24.02.2011 - 12:26 h
REDACCIÓN

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La disidencia cubana denuncia decenas de detenciones y un ambiente represivo durante el primer aniversario de la muerte del preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo, a quien su familia y opositores trataron de homenajear este miércoles. Según la opositora Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación (CCDHRN), unos cien disidentes fueron detenidos o sometidos a arrestos domiciliarios, entre ellos, Guillermo Fariñas, premio Sájarov 2010 del Parlamento Europeo, quien protagonizó el año pasado una larga huelga de hambre cuando murió Zapata Tamayo para pedir la libertad de los presos políticos.

DETENCIONES PREVENTIVAS

Elizardo Sánchez, portavoz de la CCDHRN, cree que son detenciones "preventivas" de corta duración para desactivar los actos de homenaje a Orlando Zapata, quien falleció el 23 de febrero de 2010 tras una larga huelga de hambre con la que pedía ser tratado como prisionero de conciencia. En el caso de Fariñas, pasó la primera parte de la jornada en arresto domiciliario al ser interceptado por los servicios de seguridad cuando se dirigía a una actividad en recuerdo de Zapata y por la tarde fue detenido y conducido a una estación policial tras gritar consignas contra el Gobierno y a favor del preso fallecido desde la azotea de su casa en Santa Clara (centro).

La familia de Zapata Tamayo sí pudo rendirle tributo en el cementerio de Banes (provincia de Holguín, este) sin que se produjeran incidentes a pesar de que la localidad se encuentra bajo una fuerte vigilancia policial, según la madre de Zapata, Reina Luisa Tamayo. "Pudimos llegar al cementerio, oramos, colocamos muchas flores, hicimos un minuto de silencio y gritamos 'Zapata vive' y "vivan los derechos humanos'", indicó a Efe Reina Luisa Tamayo.

En La Habana, uno de los focos de tensión se produjo en la vivienda de Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco (familiares de presos políticos), donde se había organizado una vigilia en recuerdo a Zapata y donde un visible operativo de la seguridad cubana controlaba la zona desde la mañana.

Cerca de cien partidarios del régimen cubano realizaron un acto de hostigamiento durante varias horas contra las Damas de Blanco congregadas en casa de Pollán, a las que lanzaron insultos como "mentirosas", "asesinas", "brujas indignas" al tiempo que coreaban lemas a favor de la revolución y de Fidel Castro. Desde las ventanas y la puerta de la casa, las Damas de Blanco exhibieron retratos fotocopiados de Orlando Zapata mientras hacían el signo de libertad.

Fuera de Cuba, el primer aniversario de la muerte de Zapata fue recordado hoy también por grupos del exilio cubano en Florida (EEUU) que destacaron hoy que su "grito de resistencia" es más "visible" que nunca.

ACOSO A LOS DISIDENTES

Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos deploró el "acoso" de los disidentes en Cuba y pidió la liberación de los detenidos por motivos políticos. "La muerte de Orlando Zapata Tamayo pone de relieve la injusticia de la detención de presos políticos en Cuba que deben ser puestos en libertad sin demora", dijo en un comunicado el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

Un año después de su muerte, Orlando Zapata se ha convertido en uno de los símbolos de la disidencia cubana, que considera que marcó un "antes y un después" al hacer visible la causa de los presos políticos. Su fallecimiento provocó una fuerte catarata de críticas dentro y fuera de la isla contra el Gobierno cubano, que denunció una campaña mediática internacional en su contra, si bien meses más tarde abrió un proceso de excarcelaciones de presos políticos que aún está en curso.

En aquel momento, el presidente de Cuba, Raúl Castro, lamentó en declaraciones a la prensa la muerte de Zapata, recordó que su condena se incrementó después de cometer otros delitos en la cárcel, y situó su caso dentro del contexto de la confrontación entre Estados Unidos y Cuba. El Gobierno de la isla mantiene que Zapata era "un delincuente común" y considera a los disidentes "contrarrevolucionarios" y "mercenarios" al servicio de Estados Unidos.