Japón eleva la gravedad del accidente de Fukushima al máximo de 7 y lo equipara al de Chernóbil

Las OIEA confirma que Japón elevó la gravedad del accidente nuclear de Fukushima

La central ha emitido una décima parte de la radiación liberada en el accidente de Chernobil

Los expertos advierten de perjuicios para la salud humana que se manifestarían en el futuro

internacional

| 12.04.2011 - 08:40 h
REDACCIÓN

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La Agencia de Seguridad Nuclear de Japón decidió hoy elevar la gravedad del accidente nuclear de Fukushima de 5 al máximo de 7, con lo que lo equipara con el ocurrido en Chernóbil (Ucrania) en 1986.

La agencia indicó que los reactores dañados desde el tsunami del 11 de marzo en la central nuclear de Fukushima Daiichi han estado liberando grandes cantidades de sustancias radiactivas al aire, que se corresponden con el nivel 7 fijado en la Escala Internacional Nuclear y de Sucesos Radiológicos (INES).

No obstante, la agencia recordó que las emisiones radiactivas de la central de Fukushima son un 10 por ciento de las que se liberaron durante el accidente de Chernóbil, que se produjo cuando el reactor operaba a máxima capacidad, mientras en Japón las operaciones se habían detenido por el terremoto.

El portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear, Hidehiko Nishiyama, dijo que, a diferencia de Chernóbil, en Fukushima el nivel de radiación, pese a ser alto, permite que los operarios trabajen en las instalaciones para estabilizar las cuatro unidades más dañadas. Nishiyama insistió en que los dos accidentes -los únicos que han recibido la calificación 7 de INES- son diferentes, ya que en Chernóbil explotó el núcleo del reactor, mientras en Fukushima las detonaciones de hidrógeno afectaron al edificio externo de las unidades.

El aumento de la gravedad del accidente en la escala internacional está basado en los cálculos provisionales de la agencia nuclear japonesa, que ha detectado altas concentraciones de cesio y yodo radiactivo en la zona.

Según Nishiyama, las emisiones de yodo 131 desde el inicio de la crisis superan los 10.000 terabecquerel, por debajo de los cientos de miles de terabecquerel que se emitieron en Chernóbil (Ucrania).

Ayer lunes, el Gobierno decidió, además, que ampliará las zonas de evacuación a otras zonas fuera del perímetro de veinte kilómetros desde la central, entre ellas el pueblo de Iitate a cuarenta kilómetros de distancia

Lam Ching Wan, químico patólogo de la Universidad de Hong Kong y miembro de la Junta Americana de Toxicología, considera que "si ésa es la radiación total emitida desde que se produjo el primer escape hasta ahora, es una cantidad muy importante".

"Sin duda, es algo muy malo. Es casi una décima parte de la radiación de Chernobil en un mes", ha añadido Lam, que ha explicado que este dato "significa que se han causado daños a la tierra, los ecosistemas, el agua, los alimentos y las personas". "Las personas reciben esta radiación, no se puede evitar simplemente cerrando la ventana", ha advertido.

REVISIONES PARA DETECTAR CANCER

Lam ha dicho que teme que aún se vaya a tardar en controlar la radiación. Las autoridades japonesas han ampliado la zona de evacuación, que antes cubría 20 kilómetros a la redonda desde Fukushima-1, y han instado a los niños, a las mujeres embarazadas y a los pacientes hospitalizados a no estar a menos de 30 kilómetros de la central.

"La amenaza por la radiación está ahí y debería haber un sistema nacional de vigilancia de la radiación por motivos de salud (...). Deben decidir si hay que realizar revisiones para detectar posibles casos de cáncer", ha manifestado.

ESTRONCIO

El Ministerio de Ciencia y Tecnología nipón ha informado este martes de que se han encontrado pequeñas cantidades de estroncio en tierra y plantas próximas a Fukushima-1. El estroncio es un metal con una alta radiactividad que puede causar leucemia.

Previamente, se habían detectado cerca de la central nuclear otros elementos radiactivos como yodo, cesio y plutonio como consecuencia de los daños sufridos por los reactores cuando se cortó el suministro eléctrico y los sistemas de refrigeración dejaron de funcionar.

A los expertos les preocupan especialmente tres sustancias radiactivas: el yodo 131, el cesio 134 y el cesio 137, que pueden causar distintos tipos de cáncer años después de la exposición.

Los estudios realizados con supervivientes de otros accidentes nucleares y tras el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial confirman la relación entre la exposición a yodo radiactivo y el cáncer de tiroides.

Aunque la radiactividad del yodo 131 se desintegra totalmente en 80 días, puede llegar rápidamente a las personas a través del aire, de la leche y de verduras con hojas, depositándose en la glándula tiroides, donde puede causar daños en el AND y elevar el riesgo de cáncer, especialmente en niños pequeños.

Según un estudio, de las personas que resultaron afectadas por el accidente de Chernobil siendo niños, al menos 1.800 han desarrollado cáncer de tiroides.

Los expertos han pedido que se vigile a largo plazo la salud de los supervivientes que viven cerca de Fukushima-1 y de los cientos de trabajadores de la central nuclear que están intentando controlarla.

DIFICIL PROTEGERSE

Stephen Law, jefe del servicio de oncología clínica del Hospital Queen Elizabeth de Hong Kong, ha indicado que "se necesitan varios metros de hormigón para protegerse de la radiación" y que "ni siquiera los delantales de plomo ayudan". Según Law, ningún material usado por los trabajadores de la planta les protege totalmente.

"Esos trabajadores son el mayor grupo de personas que se están exponiendo ahora a una dosis de radiación considerable y esto aumentará nuestro conocimiento sobre cómo hay que actuar ante los accidentes radiactivos", ha comentado.

Este oncólogo ha destacado la importancia de que las personas que viven cerca de Fukushima-1 se sometan a revisiones regularmente para saber si han desarrollado un cáncer. "El cáncer de tiroides es tratable y la detección temprana aumenta las posibilidades de cura. Si no se hacen revisiones, se pierde la oportunidad de recibir tratamiento pronto", ha subrayado.

Ben Cowling, un profesor asociado de Salud Pública de la Universidad de Hong Kong, ha indicado que esos estudios prolongados en el tiempo serían muy útiles para la planificación de la atención sanitaria en el futuro.

"Cualquier información será útil porque hay muy poca sobre este tipo de incidentes", ha dicho Cowling, que ha señalado que "podría ocurrir de nuevo, en otro lugar y en otro momento".