Israel encara un fin de semana a la espera del nuevo gobierno

Benjamin Netanyahu

internacional

| 20.03.2015 - 17:19 h
REDACCIÓN

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Israel encara el fin de semana de descanso tras las turbulencias del proceso electoral que culminó el pasado martes y a la espera de que el primer ministro y líder del partido derechista Likud, Benjamín Netahyahu, vencedor de los comicios, ultime los contactos para formar el nuevo gobierno.

El presidente del Estado de Israel, Reuven Rivlin, ha convocado el próximo domingo y el lunes a los líderes de todos los partidos que obtuvieron representación parlamentaria, con los que celebrará consultas para definir a quién encarga la formación del gobierno, lo que a buen seguro recaerá en Netanyahu, cuyo partido fue el que más diputados obtuvo, 30.

A Netanyahu se le presenta ahora la tarea de ir aquilatando apoyos y de obtener garantías de sus aliados de la derecha nacionalista y los ultraortodoxos para sumarse a una coalición de gobierno que si, como parece probable, prospera, será una de las más amplias y homogéneas de la moderna historia de Israel, al estar compuesta por 67 diputados de muy similar tendencia, del total de 120.

Los analistas consideran que el líder del Likud tendrá que conciliar las ambiciones de sus eventuales socios y las apetencias de sus colaboradores dentro del Likud, pues todos ellos aspiran a puestos de relevancia en el gobierno y a todos deberá satisfacer de una manera u otra.

A fin de cuentas, el sistema político israelí se basa en una estricta aritmética parlamentaria, producto de un juego de combinaciones y de un complejo sistema de apoyos, de manera que el mismo partido que hoy apoya a un primer ministro, mañana podría dejar de hacerlo y todo el entramado se vendría abajo, algo que, de todos modos, es muy improbable en este caso.

Además, a Netanyahu se le presenta la difícil tarea de recomponer las relaciones con Estados Unidos, muy maltrechas durante buena parte del mandato del presidente Barack Obama, quien tardó 24 horas en telefonear al político israelí para felicitarle por su triunfo en los comicios.

Netanyahu y Obama han mantenido notables diferencias, agravadas en los últimos tiempos, sobre todo por la coriácea postura del jefe del gobierno israelí en lo relativo al acuerdo nuclear que la comunidad internacional podría a estar a pocas horas (o días) de alcanzar con Irán.

Asimismo, el estancado proceso de paz con los palestinos, sobre el que Netahyahu ha zigzagueado en esta semana, es otro elemento clave de su política, tanto en el ámbito interior como en el exterior, y, de paso, en lo concerniente a las relaciones bilaterales con EEUU, firme partidario de reanudarlo.

EL primer ministro, que el pasado lunes afirmaba que mientras estuviera al frente del gobierno no habría un Estado palestino, ahora, tras los comicios, ha suavizado su planteamiento y señala que es partidario de la solución de los dos Estados, aunque no de inmediato y tomando en consideración siempre el criterio de la seguridad de Israel.

En varias entrevistas con televisiones estadounidenses emitidas ayer, Netanyahu dijo que sigue defendiendo una solución de dos Estados, uno israelí y otro palestino, para la paz en Oriente Medio, aunque matizó que no lo ve posible en las actuales circunstancias.

El Gobierno de Obama acogió con escepticismo los últimos comentarios de Netanyahu y cree que el primer ministro "ya no suscribe" la solución de dos Estados, según subrayó el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.

Frente a la fría actitud de la Administración Obama, la oposición republicana ha celebrado con entusiasmo la victoria de Netanyahu, a quien el pasado 3 de marzo recibió con gran solemnidad en el Congreso, ante el que pronunció un discurso en el que volvió a advertir sobre los riesgos de emprender políticas de apaciguamiento con Irán vinculadas al contencioso nuclear.

Como prueba de ese respaldo, el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, viajará previsiblemente a Israel dentro de dos semanas para entrevistarse con Netanyahu, según informa el diario Haaretz.

La visita, que aún no ha sido oficialmente anunciada, comenzará el próximo 31 de marzo, según el diario, que cita a fuentes israelíes de alto nivel que pidieron el anonimato.